Una vida repartida entre la cocina y el rugby
Martín Scelzo alterna desde hace años dos pasiones que le demandan el mismo nivel de energía: el rugby y la cocina. Tras colgar los botines, abrió El Gaucho en Clermont-Ferrand, la ciudad francesa donde vivió gran parte de su carrera profesional. Dice que el restaurante le exige mucho, pero que sigue disfrutando de discutir de rugby con quien se le cruce
A sus 50 años, y con la barba que ya era parte de su imagen en su etapa como jugador, Scelzo mira hacia atrás y reconoce que lo que más extraña no son sólo los golpes o la preparación física, sino el clima previo a cada partido: el vestuario, los sonidos, los olores y la caminata hacia la cancha
Un retiro decidido a tiempo
No vivió el final como un trauma. Asegura que fue una decisión propia, tomada cuando entendió que el cuerpo y la cabeza ya no respondían igual. En Agen, donde había firmado por dos temporadas, les avisó a los dirigentes que no podía seguir. Tenía 36 años, venía de jugar el Mundial de Nueva Zelanda y sentía que su recorrido en los Pumas ya estaba cumplido
También admite que el rugby había empezado a transformarse. Lo describe como un juego cada vez más físico y exigente, con menos margen de recuperación para los veteranos. Por eso, dice, se fue en paz
La emoción por Juan Martín
Después de su retiro trabajó un tiempo con rugby femenino, una experiencia que considera valiosa y entretenida, aunque las obligaciones laborales terminaron alejándolo de forma definitiva. Nunca imaginó una carrera full time como entrenador, aunque sí le habría gustado dedicarse al scrum y a la formación
Hoy, la gran alegría de su presente está en su hijo Juan Martín, que debutó con los Pumas ante Sudáfrica el 15 de agosto. Scelzo recuerda con emoción el momento en que recibió la noticia y también su estreno en Vélez, cuando entró a la cancha junto a él. Para él, ver a su hijo cantar el himno con la camiseta argentina fue uno de los instantes más fuertes que le tocó vivir
Críticas al rugby moderno
Scelzo sostiene que el rugby cambió por completo en los últimos 15 años. Lo ve más rápido, más fuerte y más estudiado, con jugadores que hoy tienen herramientas y preparación que antes no existían. Pero, aunque reconoce esa evolución, no termina de disfrutar el producto actual
Su principal objeción apunta al TMO, al que considera excesivo porque obliga a revisar jugadas demasiado atrás en la secuencia. También cuestiona que los árbitros deleguen demasiadas decisiones y cree que el juego pierde fluidez cuando todo se analiza en cámara lenta
Incluso prefiere ver rugby femenino antes que masculino. Dice que allí encuentra menos simulación, menos interrupciones y más continuidad. En esa misma línea, se muestra incómodo con ciertos jugadores que privilegian el show por encima del juego y pone como ejemplo al inglés Henry Pollock, a quien reconoce como muy talentoso, pero excesivo en su gestualidad
El scrum, territorio de especialistas
Para Scelzo, el scrum sigue siendo un mundo que sólo entienden del todo quienes juegan en la primera línea. Cree que los árbitros no pueden resolverlo siempre con precisión y que el desafío actual exige fuerza y técnica a la vez. También valora que el scrum moderno sea más seguro que el de décadas anteriores
Sobre los Pumas actuales, destaca a varios nombres: considera a Sclavi el más sólido entre los pilares, le gustó el debut de Francisco Moreno ante Sudáfrica, elogió el rendimiento de Ruiz y subrayó el impacto de Pablo Matera. Cree que el plantel tiene amplitud y que cualquiera que entra puede rendir bien
Los Pumas de hoy y la memoria de 2007
Scelzo no compara a este equipo con el de 2007. Dice que aquella selección había construido una identidad durante años, con un grupo que compartía una misma base de trabajo desde hacía casi una década. Aun así, ve a la Argentina actual con chances reales de competir de igual a igual con cualquiera
Recuerda que en 2007 ellos creían de verdad que podían ser campeones del mundo. Hoy, asegura, el contexto es más parejo para todos, con resultados cada vez más imprevisibles. Por eso, aunque mantiene la cautela, le encuentra argumentos a este plantel para ilusionarse
Lo único que no cambió en él es una costumbre: no vuelve a mirar sus partidos. Dice que, una vez terminado el encuentro, el partido se acabó para siempre