Del número aislado al riesgo total
La mirada sobre el colesterol cambió. Ya no basta con revisar un valor suelto en el análisis de sangre: la decisión médica se apoya en el riesgo cardiovascular de cada persona
Ese cálculo incorpora factores como diabetes, hipertensión, tabaquismo y estrés, y define qué tan estricto debe ser el tratamiento
La prueba que conviene hacer una vez en la vida
Entre los estudios que sumaron protagonismo aparece la lipoproteína A, o Lp(a), una partícula con componente genético que puede elevar de forma importante el riesgo
La recomendación es medirla al menos una vez en la vida para saber si está alterada y ajustar la prevención en consecuencia
Metas más exigentes según el del paciente
Cuando el riesgo es bajo, la meta suele ser mantener el colesterol LDL por debajo de 100 mg/dl. Si el riesgo es alto, el objetivo baja a 70 mg/dl
En personas que ya tuvieron eventos cardíacos o infartos, la exigencia es mayor: el LDL debe quedar por debajo de 55 mg/dl
Medicamentos y efectos adversos
Las estatinas siguen siendo una herramienta central, aunque en algunos pacientes pueden provocar dolores musculares. Ese efecto se presenta en una parte de los casos y obliga a revisar alternativas
Entre las opciones más nuevas aparece el ácido bempedoico, siempre bajo indicación médica
Hábitos que sí hacen diferencia
La alimentación sigue siendo decisiva. La recomendación es priorizar alimentos de origen natural y sostener una dieta mediterránea
También pesan el buen descanso, el control del peso y dejar el tabaco por completo
Sobre el cigarrillo, la advertencia es clara: cada pitada estrecha la arteria y empeora el daño cardiovascular