Durante décadas, cruzar de París a Nueva York en una sola jornada fue la norma. Con el Concorde, ese trayecto podía hacerse en unas tres horas y media, una cifra que resumió como pocas la ambición tecnológica de la aviación comercial de alta velocidad
El avión fue un desarrollo conjunto de Francia y Reino Unido. Realizó su primer vuelo el 2 de marzo de 1969 y entró en servicio comercial en 1976. En total se construyeron 20 unidades, entre prototipos, aviones de prueba y aparatos comerciales, operados solo por Air France y British Airways
Una máquina pensada para ir más allá del sonido
El Concorde volaba por encima de Mach 2, unos 2.150 kilómetros por hora, y alcanzaba alrededor de 18.000 metros de altitud. Su diseño, con alas en delta y morro abatible, respondía a las exigencias de las maniobras de despegue y aterrizaje, en las que la visibilidad desde la cabina era un factor crítico
La estructura, fabricada sobre todo en aluminio y aleaciones resistentes al calor, se dilataba entre 15 y 25 centímetros durante los vuelos a máxima velocidad por efecto de la fricción con el aire
Velocidad cara, rutas limitadas
La rapidez tenía un precio muy alto. Se calcula que el avión consumía 6.771 galones de combustible por hora de vuelo, unos 25.600 litros, casi cuatro veces lo que gasta un jumbo de largo alcance. Eso complicó su rentabilidad, sobre todo cuando subía el precio del carburante
También había una limitación física: al superar la barrera del sonido, el aparato generaba un estampido sónico capaz de romper cristales y provocar molestias en tierra. Por eso, las rutas supersónicas se concentraban sobre el océano, lo que reducía de forma notable los trayectos posibles
El billete también era parte del mito. Cada viaje podía costar alrededor de 10.000 dólares, unos 8.600 euros al cambio citado en las referencias del programa
El accidente que precipitó el final
El 25 de julio de 2000, el vuelo 4590 de Air France se estrelló poco después de despegar de París-Charles de Gaulle. Un objeto metálico en la pista reventó un neumático, los fragmentos dañaron un depósito de combustible y el incendio afectó a los motores. El avión cayó sobre un hotel cercano
Murieron 113 personas: los 109 ocupantes y cuatro personas en tierra. La flota quedó inmovilizada más de un año. Aunque los aviones volvieron a operar tras algunas modificaciones, el accidente agravó una situación ya marcada por los costes y las restricciones del programa
British Airways realizó el último vuelo comercial el 24 de octubre de 2003. Un mes después, el 26 de noviembre, el Concorde realizó su último traslado entre Londres-Heathrow y Bristol
El regreso de la idea supersónica
Dos décadas más tarde, varias compañías han vuelto a explorar la posibilidad de volar por encima de la velocidad del sonido. Boom Supersonic trabaja en Overture, un avión para entre 65 y 80 pasajeros, con una velocidad de Mach 1,7 sobre el agua y un alcance de 7.871 kilómetros
Hermeus, por su parte, desarrolla Halcyon, un proyecto de avión hipersónico para 125 viajeros, con una velocidad prevista de hasta 6.000 kilómetros por hora. La empresa ha vinculado su programa a pruebas previas con modelos no tripulados como Quarterhorse y Darkhorse