El vicepresidente JD Vance rechazó este jueves describir como una “guerra” el enfrentamiento de Estados Unidos con Irán y evitó anticipar cuándo podría terminar un conflicto que ya lleva seis meses, en un momento en que la Casa Blanca intenta sostener a los republicanos en el Congreso de cara a las elecciones legislativas de noviembre
“Yo no lo llamaría una guerra”, dijo Vance al responder si la tensión podría resolverse antes de la votación. “Ahora mismo, no hay disparos activos”
Un conflicto que sigue escalando
La declaración llegó mientras Irán continuaba respondiendo a los ataques estadounidenses, incluso con un nuevo golpe contra Kuwait, aliado de Washington en el Golfo. Vance sostuvo que Estados Unidos tenía la “responsabilidad” de ejecutar esta semana sus bombardeos porque Teherán sigue atacando buques comerciales que atraviesan el estrecho de Ormuz
La estrategia de minimizar la intensidad del enfrentamiento expone el dilema político de Donald Trump: convencer a los votantes de mantener el control republicano del Congreso mientras la ofensiva ha empujado al alza el precio de la gasolina y alimentado una inflación más alta para los consumidores
Presión sobre el petróleo
El Gobierno insiste en que el flujo de crudo por el Golfo se está recuperando, aunque los precios siguen altos. El Brent se mantuvo por encima de los 95 dólares por barril, muy por encima de los niveles previos al conflicto. Antes de la guerra, el crudo de referencia rondaba los 72 dólares
Vance afirmó que el miércoles Estados Unidos escoltó unos 15 millones de barriles de petróleo a través del estrecho. Días antes, el secretario de Energía, Chris Wright, había dicho que el lunes pasaron 17 millones de barriles con asistencia de la Marina estadounidense
Aun así, el tráfico marítimo sigue por debajo de los niveles previos a la guerra. Las cifras de seguimiento naval muestran un flujo menor al habitual antes del conflicto, cuando por la vía transitaban alrededor de 20 millones de barriles diarios
Trump apuesta a resistir hasta las legislativas
Trump ha alternado señales de avance diplomático con amenazas de mayor presión militar para intentar evitar un salto en los mercados. En paralelo, su Gobierno insiste en que la vía económica está debilitando a los sectores duros iraníes, incluido el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica
Analistas describen la postura actual de la Casa Blanca como una pausa calculada: sin volver a una campaña aérea de máxima intensidad, pero también sin ofrecer concesiones a Teherán sobre el estrecho de Ormuz. En ese equilibrio, Trump busca llegar a noviembre sin un estallido mayor y sin ceder terreno político