La relación de muchos varones con su cuerpo está cambiando de forma inquietante. Roberto Olivardia, especialista con décadas de trabajo en imagen corporal, sostiene que aumenta la dismorfia muscular entre chicos y adolescentes, una condición que suele pasar inadvertida porque se confunde con disciplina o vida saludable

Una presión estética que se volvió aspiracional

El especialista explica que la búsqueda de un físico cada vez más grande y marcado tomó fuerza hace décadas con la cultura del cine de acción y hoy se amplifica en redes sociales y espacios digitales donde se exalta la idea de masculinidad asociada al tamaño corporal

Según advierte, muchos jóvenes terminan viéndose pequeños o insuficientes aun cuando tienen cuerpos atléticos. El problema se agrava porque gran parte de esos mensajes circula con apariencia de autoridad, aunque no tenga respaldo científico

Olivardia subraya además la enorme diferencia entre la atención clínica y el consumo constante de contenido en plataformas digitales: mientras un paciente puede verlo una hora por semana, un influencer puede acompañarlo durante muchas más horas con ideas extremas sobre entrenamiento, poder y éxito

Señales de alarma y riesgos físicos

Entre los indicadores más claros, el médico menciona una percepción corporal alterada y una dedicación al ejercicio que interfiere con la vida diaria. Hay casos de jóvenes que pasan cinco o seis horas por día en el gimnasio y terminan exhaustos, aislados y atrapados en una rutina que ya no mejora su salud

También advierte sobre el uso de esteroides y de analgésicos para soportar el dolor del sobreentrenamiento. En ese escenario, el ejercicio deja de ser una práctica beneficiosa y se transforma en un factor de daño físico y psicológico

Para el especialista, la intervención temprana de padres, entrenadores y docentes es clave. Cuando el entorno naturaliza la obsesión por entrenar como si fuera una virtud, el problema avanza sin freno y puede dejar secuelas duraderas en la adolescencia