En la década de 1870, Puerto Rico recurrió a una solución pensada para salvar los cultivos de caña de azúcar: llevar mangostas indias para reducir la presencia de ratas en los cañaverales. La estrategia no dio el resultado esperado. Con el tiempo, el pequeño depredador se adaptó al ambiente de la isla y permaneció allí como una especie invasora
El problema de fondo estuvo en el comportamiento de ambas especies. Las mangostas son animales diurnos, mientras que las ratas de los cañaverales se mueven sobre todo de noche. Esa diferencia redujo la eficacia del control biológico y permitió que la mangosta se expandiera sin eliminar la plaga original
De aliada agrícola a amenaza para la fauna
Lejos de limitar su dieta a los roedores, las mangostas comenzaron a alimentarse también de aves, reptiles, anfibios y otras especies pequeñas. Así, su presencia pasó a afectar a la fauna nativa y replicó un impacto que ya se había observado en otras islas del Caribe donde también habían sido introducidas
Décadas más tarde apareció otra consecuencia más grave. En 1950 se confirmó un brote de rabia entre mangostas en Puerto Rico y, con el tiempo, el virus se instaló de forma estable en esa población. Desde entonces, el animal pasó a ser el principal reservorio terrestre de rabia en la isla y llegó a concentrar más del 70 % de los casos registrados en animales
Un riesgo sanitario que llegó a humanos
Los estudios también muestran que una parte importante de las mangostas estuvo expuesta al virus. En ejemplares analizados en El Yunque y Cabo Rojo se detectaron anticuerpos neutralizantes en alrededor del 39 % de los animales, mientras que otros relevamientos arrojaron cifras cercanas al 17 % según la zona y el hábitat
El riesgo para las personas quedó documentado en un caso fatal ocurrido en el sureste de Puerto Rico. Un hombre de 54 años fue mordido por una mangosta mientras atendía un gallinero y no recibió tratamiento médico
Semanas después desarrolló fiebre, dificultad para tragar, parestesias y otros síntomas; luego murió. Los estudios posteriores confirmaron rabia y vincularon la infección con la variante caribeña asociada a las mangostas
La industria azucarera que motivó su llegada perdió peso con el paso del tiempo, pero la especie introducida en el siglo XIX logró consolidarse en distintos puntos de la isla