Durante años, Lucila Pereyra siguió el camino que parecía indicado: estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires, se especializó en Derecho de Familia y trabajó en la Defensoría de Menores del Poder Judicial. También jugó al hockey federado durante dos décadas
Sin embargo, una relación nacida durante un viaje y una propuesta inesperada la llevaron a replantearse su futuro. En 2017 dejó definitivamente la Argentina y se mudó a Tailandia, donde comenzó una vida muy distinta a la que había imaginado
Una licencia que cambió el rumbo
Lucila conoció a su pareja durante unas vacaciones en una zona ubicada entre Perú y Bolivia. Después de volver a su rutina, aceptó acompañarlo durante siete meses de viaje. Para hacerlo, tomó una licencia sin goce de sueldo en el Poder Judicial
Juntos recorrieron distintos países del sudeste asiático como mochileros y llegaron a Tailandia. Allí empezaron a colaborar con una empresa de excursiones y a guiar grupos de turistas. Lo que comenzó como una ayuda ocasional le mostró a Lucila que su formación profesional no tenía por qué definir toda su vida
Al regresar a la Argentina, decidió renunciar a su carrera y a su antigua rutina. Poco después se instaló de manera permanente en Tailandia
Una nueva vida en Koh Phi Phi
La pareja eligió Koh Phi Phi, una isla de 12 kilómetros cuadrados ubicada al sur del país y perteneciente a un archipiélago de seis islas. El lugar tiene alrededor de tres mil habitantes, además de trabajadores temporales y turistas
El cambio fue profundo. En la isla no circulan autos, motos ni bicicletas: los traslados se hacen a pie o en barco. La vida cotidiana también está menos vinculada al consumo y a la presión por producir, alcanzar el éxito y ganar dinero
Al principio, Lucila tuvo que adaptarse a sabores nuevos, al picante y a un idioma con otro alfabeto y características tonales. La falta de propuestas culturales fue una diferencia frente a Buenos Aires, aunque la naturaleza ocupó ese espacio
En Koh Phi Phi descubrió el buceo, una actividad que no había practicado antes y que terminó convirtiéndose en una de sus grandes pasiones. Con el tiempo se formó como instructora y comenzó a explorar el mundo submarino de la región
La seguridad y los vínculos de una comunidad pequeña
Una de las cuestiones que más valora es la tranquilidad con la que puede desplazarse, incluso de noche. También destaca el trato respetuoso hacia las mujeres y la solidaridad de los habitantes, a quienes describe como personas dispuestas a ayudar sin esperar algo a cambio
La comunidad local la recibió con afecto y la hizo sentir protegida. A ese círculo se sumó un grupo de extranjeros que vive en la isla y que, con el paso del tiempo, se transformó en una familia elegida
Del trabajo informal a una agencia de excursiones
Antes de instalarse en Tailandia, Lucila había vivido un año en Australia, donde trabajó en un café y como niñera. Esas experiencias, alejadas de su título universitario, le permitieron salir de su zona de confort y comprobar que podía desempeñarse en ámbitos muy diferentes
En Koh Phi Phi comenzó como guía de tours junto a su pareja. Con el tiempo, ambos proyectaron abrir Phi Phi Latino, una agencia de excursiones en español. La pandemia interrumpió el plan y, durante ese período, Lucila recibió una propuesta para administrar un estudio de yoga en Bali, una tarea que nunca había realizado
Cuando el turismo se reactivó, regresaron a la isla y concretaron el proyecto. La empresa ofrece recorridos por playas, actividades de snorkel y buceo. Empezó con un solo barco y actualmente cuenta con varios, un equipo integrado por argentinos, españoles y uruguayos, además de capitanes locales
Asumir el liderazgo después de la separación
La relación terminó después de varios años, cuando el emprendimiento finalmente comenzaba a consolidarse. Su expareja dejó la isla y Lucila quedó al frente de la operación, mientras él continúa ocupándose de algunos asuntos desde la distancia
La separación implicó un doble proceso de duelo: por el vínculo afectivo y por el sueño empresarial que habían construido juntos. Además, debió asumir el liderazgo en un contexto donde todavía existen resistencias frente a una mujer al mando
A sus 37 años, reconoce que ese desafío le permitió resignificar su proyecto. También comprendió que una separación no marca el final de una historia y que los planes pueden transformarse sin desaparecer
Una argentina lejos de casa
Lucila vuelve a la Argentina una vez por año. Con el tiempo, dice sentirse más conectada con sus costumbres, su humor y la posibilidad de compartir con otros argentinos, aunque no se imagina regresando por ahora ni considera que su permanencia en Phi Phi tenga que ser definitiva
Su experiencia le dejó aprendizajes que no encontró en la carrera de Derecho: una profesión no determina toda la identidad, los vínculos también pueden construirse fuera de la familia de origen y siempre existe la posibilidad de empezar de nuevo
La mujer que alguna vez creyó tener un destino establecido hoy dirige un negocio en una isla remota. Para ella, el recorrido demuestra que los límites pueden cambiar y que una vida diferente puede comenzar cuando una persona se anima a abandonar el camino previsto