A los 50 años, Angie Smith decidió cambiar por completo su vida. Vendió su casa en Fort Worth, Texas, dejó su trabajo en el sector tecnológico y se mudó a un pequeño pueblo de la Toscana, Italia
En noviembre de 2023 compró una vivienda de piedra del siglo XIX, ubicada a unos 48 kilómetros de Florencia. Buscaba alejarse del agotamiento y del ritmo acelerado que había llevado durante años en Estados Unidos
Una llegada marcada por la incertidumbre
Smith ya conocía Italia desde 2013, cuando realizó su primer viaje al país. Sin embargo, instalarse allí implicó nuevos desafíos: llegó a una localidad de apenas 70 habitantes y apenas podía comunicarse en italiano
Para conocer a sus vecinos, dejó un aviso en la puerta del único bar del pueblo y organizó una reunión en su casa. Durante un primer momento no apareció nadie, pero luego el timbre comenzó a sonar y decenas de personas llegaron con botellas de vino y productos frescos de sus jardines
Smith recurrió a Google Translate para conversar con ellos. Un amigo italiano también leyó una carta que ella había escrito al anterior propietario de la vivienda, en la que explicaba que buscaba un refugio frente al ritmo de vida de Texas
“Soy una persona espiritual que buscaba encontrar paz y una comunidad que me permita estar más cerca de mi hija adulta, que vive en Londres”, contó Smith
Los olivares y la ayuda de sus vecinos
La propiedad cuenta con dos acres de olivares dispuestos en terrazas. Al principio, Smith no sabía cómo cosechar las aceitunas, pero sus vecinos la invitaron a participar de la recolección de sus propios árboles para que aprendiera
En el otoño de 2024, mientras Smith se encontraba en Barga como coanfitriona de un retiro para mujeres, una familia local cosechó las aceitunas de su propiedad. Luego le envió fotografías del trabajo y procesó los frutos junto con los de su propia cosecha antes de que se echaran a perder
Una vida integrada a las tradiciones del pueblo
Cada julio, la localidad organiza un festival gastronómico de tres días. Durante la celebración se cierran las calles, hay música y baile, y antiguos habitantes regresan para participar de la fiesta
Para Smith, esas actividades representan una forma de vida muy distinta de la que llevaba en Texas. Con el tiempo, las relaciones que construyó con sus vecinos también fueron decisivas para sentirse parte de la comunidad
“Las amistades que hice en Italia fueron algunas de las más fuertes y auténticas de mi vida. Estoy agradecida de sentir que pertenezco”, afirmó