Al caer la tarde, una formación del Ferrocarril Mitre llegó a Retiro. Entre los pasajeros que avanzaban por el andén apareció una mujer de cabello negro hasta la cintura, rasgos delicados y una pollera larga que parecía acompañar cada movimiento
Su andar, parecido al de una bailarina, llamó la atención hasta que llegó a los molinetes. Allí levantó una pierna, luego la otra, cruzó al otro lado y continuó su camino sin pagar. La escena dejó una pregunta inesperada: ¿cuándo comenzaron a formar parte de la vida diaria estos dispositivos?
Un límite para el ganado
Los primeros antecedentes del molinete aparecen en la Inglaterra rural del siglo XVI. Los campesinos rodeaban sus terrenos con muros de piedra y dejaban aberturas para entrar y salir. El inconveniente era que por esos espacios también escapaban los animales
La solución fue el turnstile, una estructura sencilla formada por un poste y una cruz de madera horizontal capaz de girar. Las personas podían atravesarla, pero el ganado quedaba del otro lado. En Londres todavía sobreviven los nombres Great Turnstile, Little Turnstile y New Turnstile, vinculados con aquellos antiguos pasos giratorios
Del control de animales al acceso de personas
Con el tiempo, el mecanismo cambió de función. En 1873, el estadio Hampden Park, de Glasgow, incorporó molinetes para ordenar el ingreso del público. Ya no se trataba de impedir el paso de vacas u ovejas, sino de hacer entrar a las personas de a una y llevar un control de la cantidad de asistentes
En 1916, el sistema también llegó a Piggly Wiggly, en Memphis, uno de los primeros supermercados de autoservicio. El molinete marcaba el comienzo de un recorrido único: el cliente tomaba un canasto, pasaba por las góndolas y terminaba en las cajas
La llegada a la Argentina
En Buenos Aires, los molinetes comenzaron a utilizarse el 17 de octubre de 1930, con la inauguración de la Línea Lacroze del subterráneo, actual Línea B. Entre las novedades de aquellas estaciones también estaban las escaleras mecánicas
Durante los primeros años, el acceso se habilitaba con monedas de curso legal. Desde 1962 empezaron a utilizarse cospeles, que para entonces ya eran parte del sistema de todas las líneas del subte porteño
El Museo del Subte de Buenos Aires, en Caballito, conserva un cuadro con algunos de los objetos que los pasajeros intentaban usar para reemplazar los cospeles: botones, dijes, medallas, chapitas y monedas. La mayoría de esos recursos no funcionaba
El deseo de atravesar el control sin pagar, entonces, no nació en Retiro ni con aquella pasajera. La anécdota solo volvió visible una conducta tan antigua como el propio molinete, capaz de separar un lado del otro con unas pocas barras metálicas