Jorge Dezcallar, exembajador de España en Marruecos y exdirector del CNI, considera que lo sucedido en Ceuta no fue una mera emergencia migratoria, sino una acción de presión política. A su juicio, el episodio puede repetirse si no se adoptan medidas de fondo
Un “asalto” y no una crisis cualquiera
Para Dezcallar, la entrada de unas 72.000 personas no encaja en la idea de una crisis migratoria convencional. Sostiene que hubo una vulneración de la soberanía española y recuerda que ya en 2021 se produjo una entrada masiva en la ciudad autónoma. “Fallar dos veces es inadmisible”, resume
El diplomático evita pronunciarse sobre el papel exacto de los servicios de inteligencia, pero afirma que habrá una investigación judicial que permitirá aclarar lo ocurrido. También destaca que Marruecos conoce muy bien la situación en la zona
Críticas a la reacción del Gobierno
Dezcallar cree que la respuesta del Ejecutivo fue insuficiente y que el problema no se explica solo por las primeras horas de la crisis. En su opinión, España tuvo cinco años desde el episodio de 2021 para reforzar su posición y no lo hizo con la contundencia necesaria
También cuestiona que se alabara la cooperación marroquí en materia migratoria en el contexto actual. Según su lectura, el episodio demuestra que Rabat no es un socio fiable en este terreno
Marruecos, presión fronteriza y margen de España
El exdiplomático sostiene que España dispone de más herramientas de presión de las que utiliza. Recuerda que Marruecos depende en parte de las remesas de sus emigrantes en España, que es uno de sus principales socios comerciales y una vía clave de acceso a Europa
A su juicio, la tensión se explica también por la reivindicación persistente de Marruecos sobre Ceuta y Melilla y por la enorme distancia económica entre ambos países. Por eso cree que la presión migratoria puede volver a activarse cuando convenga a Rabat
Europa, fronteras y política migratoria
Dezcallar advierte además de que España no puede quedarse sola en la Unión Europea en un asunto tan sensible. Señala que el debate migratorio está muy condicionado por el avance de la extrema derecha en el continente y que la falta de una política común debilita la respuesta europea
En ese punto, defiende que una sociedad de bienestar no puede sostener fronteras abiertas y que Schengen exige coordinación real entre los Estados miembros. También admite que Europa necesita inmigración, pero rechaza que ello implique renunciar al control de quién entra y en qué condiciones
Una conclusión sin matices
Su tesis final es clara: España necesita una estrategia más firme, más coordinada con sus socios europeos y menos dependiente de Marruecos. Si no cambia ese enfoque, advierte, la escena de Ceuta puede volver a repetirse