La ansiedad no siempre se presenta como una reacción puntual ante el estrés. También puede vincularse con ciertos patrones de personalidad y con la forma en que cada persona enfrenta las exigencias cotidianas

La psicóloga Ángela Fernández explica que algunos rasgos valorados socialmente pueden volverse perjudiciales cuando se expresan de manera extrema y sin suficiente flexibilidad

Autoexigencia y responsabilidad excesiva

La disciplina, el rigor y el compromiso con las obligaciones suelen ser características reconocidas por los demás. Sin embargo, la búsqueda permanente de la excelencia puede transformarse en una rigidez difícil de sostener

Este patrón puede comenzar durante la infancia, cuando el cumplimiento de las normas y el rendimiento académico reciben una aprobación constante. Con el tiempo, la persona puede sentir que debe mantener un nivel elevado de exigencia incluso cuando no existe una supervisión externa

Ayudar a los demás sin establecer límites

La cooperación y la solidaridad son cualidades valiosas, pero pueden afectar el bienestar personal cuando llevan a priorizar siempre las necesidades ajenas

La dificultad para decir que no reduce el tiempo destinado al descanso y al autocuidado. Por eso, aprender a establecer límites aparece como una herramienta para proteger la propia energía

Una respuesta emocional en estado de alerta

Otro rasgo frecuente es la alta reactividad emocional, que puede expresarse mediante nerviosismo, impulsividad o una sensación de vigilancia permanente

En ese contexto, situaciones menores e imprevistas, como un ruido fuerte o un cambio repentino de planes, pueden desencadenar angustia

Flexibilidad y compasión hacia uno mismo

Fernández propone revisar el diálogo interno desde una perspectiva más flexible y compasiva. El objetivo no es modificar por completo la personalidad, sino reducir el perfeccionismo y la frustración constante

Reconocer estas tendencias sin permitir que controlen cada decisión puede ayudar a convivir de una manera más saludable con la ansiedad