Novak Djokovic regresa al US Open con una misión tan simple de enunciar como difícil de cumplir: alcanzar su 25° título de Grand Slam y quedar en soledad en lo más alto de la historia del tenis

Desde el domingo, el serbio disputará su vigésima participación en el cuadro principal de Nueva York, el escenario donde en 2023 igualó la marca de Margaret Court, dueña también de 24 trofeos grandes. Aquella temporada parecía abrirle el camino al récord absoluto, pero la irrupción de Carlos Alcaraz frenó su avance en Wimbledon y, desde entonces, el objetivo quedó en pausa

Una oportunidad abierta por las ausencias

Esta vez el contexto le ofrece una ventana poco común. Jannik Sinner no estará por una lesión de rodilla y Alcaraz llegará tras más de cuatro meses sin competir por un problema de muñeca. Aun así, en Flushing Meadows también aparecen nombres capaces de aprovechar cualquier resquicio, como Alexander Zverev, Ben Shelton y Arthur Fils

El principal límite de Djokovic, sin embargo, no parece estar en sus rivales sino en el paso del tiempo y en su estado físico. Con 39 años, sigue persiguiendo una marca que ningún jugador ha logrado a esa edad. El veterano más exitoso en esa dimensión continúa siendo Ken Rosewall, campeón del Abierto de Australia en 1972 con 37 años

El desgaste y la obsesión

La preparación del serbio tampoco fue ideal. Después de caer en semifinales de Wimbledon ante Sinner, decidió no jugar en Montreal y luego perdió en su debut en Cincinnati frente al argentino Thiago Tirante, en una jornada marcada por el calor extremo

En Nueva York, donde ganó cuatro veces, debutará el domingo ante Mariano Navone. Todavía no faltan quienes creen que, mientras Djokovic siga en el cuadro, siempre habrá una posibilidad. Esa convicción alimenta una carrera que todavía no renuncia a su última gran frontera