En Oulu, ciudad del norte de Finlandia, el alquitrán de pino ya no pertenece solo a los barcos, las saunas o las casas de verano. Hoy también aparece en helados, chocolates, panes, caramelos y hasta en platos de restaurante, con un ahumado, dulce e inconfundible que divide opiniones, pero gana adeptos
De puerto de alquitrán a identidad local
Oulu fue durante siglos un centro clave del comercio de alquitrán. La sustancia, obtenida al calentar madera de pino sin oxígeno, se usaba para impermeabilizar embarcaciones de madera y se exportaba desde el puerto a distintos destinos del mundo. También tuvo un uso medicinal en Finlandia, especialmente por sus propiedades antibacterianas
El salto del alquitrán al terreno gastronómico comenzó en farmacias y confiterías. A comienzos del siglo XX ya existían pastillas y caramelos con ese sabor, y una de las marcas más conocidas, Terva Leijona, nació en 1933 a partir de una esencia de alquitrán incorporada a pastillas de regaliz. Con el tiempo, ese gusto se instaló como una seña regional y luego se expandió al resto del país
Un sabor que pasó de la memoria al plato
Especialistas en historia alimentaria y referentes de la cocina del norte vinculan esta expansión con una mayor valoración de la memoria cultural y de las tradiciones locales. En Oulu y sus alrededores, panaderías, cafeterías y chocolaterías trabajan con terva para elaborar productos dulces y salados que apelan a esa herencia del bosque y del trabajo maderero
En panaderías familiares de la región, el alquitrán se incorpora al pan, a pasteles y a chocolates estacionales. En cafeterías, puede aparecer en siropes, helados o acompañando pescados curados. La lógica es la misma: usar una dosis pequeña para lograr un sabor potente y reconocible
La cocina de autor lo lleva más lejos
La tendencia también llegó a la alta cocina. En Oulu, algunos chefs preparan siropes y perlas de alquitrán para integrarlos en platos con pescado, hinojo encurtido, cebolla roja o postres elaborados. El resultado busca equilibrio entre el ahumado, el amargor del cacao, el dulzor de las bayas y la untuosidad de otras preparaciones
Entre los cocineros que más han explorado este camino está Laurance Robinson, quien transformó su interés inicial por el alquitrán en una especialidad propia. Su propuesta resume el fenómeno: un ingrediente ligado al pasado marítimo finlandés que encontró una nueva vida como marca de sabor local
En Oulu, el terva dejó de ser solo una referencia histórica. Ahora funciona como un puente entre tradición, territorio y cocina contemporánea