Detrás de un portón metálico, en medio del tránsito y el ruido del conurbano, funciona un espacio de calma y formación. El Seminario Diocesano San José, ubicado en Morón, prepara a futuros sacerdotes de siete diócesis: Morón, Merlo-Moreno, Laferrere, San Miguel, San Martín, San Justo y Avellaneda-Lanús

El predio ocupa casi 9000 metros cuadrados y tiene una capilla rodeada de árboles y vegetación. Allí viven y estudian jóvenes de entre 22 y 29 años que eligieron explorar una vocación religiosa en un momento de menor identificación de la sociedad argentina con el catolicismo

En una década, la proporción de argentinos que se identifican como católicos cayó del 71% al 58%, mientras que se duplicó la cantidad de personas sin afiliación religiosa. Además, los jóvenes son menos propensos a practicar una religión. En los seminarios del país, los ingresantes al primer año pasaron de 256 en 1997 a 99 en 2025

Historias de una decisión gradual

Las trayectorias de los seminaristas son distintas. Algunos sintieron la inquietud desde la infancia; otros la descubrieron después de un retiro, una misión o una experiencia comunitaria. Varios tuvieron pareja, comenzaron otras carreras o trabajaron antes de ingresar

Lautaro, de 26 años, fue monaguillo, estudió Historia y probó con Cine antes de decidirse. En 2023 le comunicó a su madre que quería entrar al seminario. Elías García, de 22, creció en una familia que no asistía a misa. Después de estudiar barbería y comenzar el Profesorado de Educación Física, una invitación a misionar reorientó sus planes

Luciano, que nació con una patología congénita, se acercó a una comunidad parroquial a los 14 años. Estudió el Profesorado de Economía y esperó cinco años desde que tuvo la certeza de su vocación hasta ingresar. Juan, de 24, sintió la inquietud durante una adoración a los 14 y decidió incorporarse el 2 de enero de 2020 sin contárselo a sus familiares ni a sus amigos

Elías Ricciardi, de 29 años, creció como monaguillo, estudió Locución y llegó a trabajar en radio. La pandemia interrumpió sus planes laborales, pero el contacto con la parroquia y el trabajo con jóvenes volvió a ocupar un lugar central. Actualmente cursa el cuarto año del seminario. Leonel también tuvo una relación de pareja antes de ingresar y debió dejar atrás un proyecto compartido

Una formación entre oración, estudio y tareas comunes

La rutina comienza alrededor de las 6.40 con la primera oración del día. Después del desayuno, los seminaristas viajan en transporte público hasta la universidad, en Devoto, donde cursan Filosofía, Teología, Sagrada Escritura, Moral, Liturgia e Historia de la Iglesia

Al mediodía regresan a Morón para almorzar. La tarde se distribuye entre el estudio personal y las tareas de la casa, como cocinar, realizar trabajos de mantenimiento, ocuparse de las comunicaciones o colaborar con la liturgia. La jornada termina con oración, misa comunitaria, cena y un último momento de oración

Durante los fines de semana, cada joven se traslada a una parroquia de su diócesis. Allí acompaña al sacerdote responsable y participa de actividades con niños, adolescentes y adultos. La experiencia busca acercarlos a distintos estilos de vida sacerdotal

La convivencia permanente es otra parte de la formación. Los seminaristas comparten las 24 horas del día, aprenden a relacionarse y consideran que los demás pueden ayudarlos a conocerse y crecer. También tienen espacios de recreación: los miércoles juegan al fútbol y se reúnen para ver partidos

Renuncias y desafíos contemporáneos

La elección del sacerdocio implica abandonar la posibilidad de tener pareja, formar una familia o desarrollar otra profesión. Para los jóvenes, no se trata de negar el valor de esas alternativas, sino de discernir cuál de los caminos responde mejor a su proyecto de vida

El balance de la institución muestra que, entre 1976 y 2025, 270 jóvenes comenzaron allí su formación. De ellos, 89 fueron ordenados y 165 dejaron el seminario; el resto continúa en proceso. La institución entiende que el seminario también funciona como un espacio de autoconocimiento para confirmar o descartar la vocación

Los registros indican que los abandonos posteriores a la ordenación se concentran principalmente entre los ocho y los quince años de ejercicio, cuando los sacerdotes tienen entre 34 y 42 años. En cerca del 60% de esos casos, la situación visible se relaciona con la imposibilidad de tener pareja, aunque el balance señala que suelen existir procesos prolongados de desgaste personal y espiritual

La tecnología es otro desafío. Los seminaristas reconocen que las redes sociales y el ritmo acelerado dificultan la concentración, el silencio y la reflexión. Lautaro limita Instagram a 30 minutos diarios, bloquea las notificaciones de WhatsApp, Instagram y YouTube entre las 22 y las 7, y deja el teléfono lejos durante la oración y el estudio

El seminario también vincula la disminución de las vocaciones con transformaciones sociales más amplias, entre ellas la revolución digital y los escándalos de abusos sexuales en la Iglesia durante el período analizado entre 2004 y 2014

Una expectativa ante la visita papal

Los jóvenes consideran que la próxima visita del papa León XIV a la Argentina puede contribuir a renovar el vínculo entre la sociedad y la Iglesia. Interpretan el lema “Bienvenidos todos, vayan y anuncien” como una invitación a superar divisiones y salir al encuentro de los demás

Para ellos, la experiencia también contradice la idea de que los jóvenes están alejados de toda búsqueda espiritual. Su apuesta consiste en sostener una vida de oración, formación y servicio, aun cuando esa decisión los coloque en una posición distinta de las tendencias predominantes