El dormitorio principal de Josefina de Alvear Errázuriz, en el primer piso del Palacio Errázuriz, fue concebido como una pieza de lujo absoluto: mármoles, espejos, telas finas y una decoración pensada para reflejar poder y refinamiento. Durante décadas, sin embargo, ese espacio estuvo muy lejos de su aspecto original

El techo tenía filtraciones, faltaban partes y la bañera terminó usada como depósito de papeles de una oficina

Hoy, esa habitación y su boudoir atraviesan una restauración integral en el Museo Nacional de Arte Decorativo, sede actual del antiguo palacio de la familia Errázuriz Alvear. El proyecto busca completar la recuperación del primer piso y abrirlo por completo al público, después de años en que los salones privados tuvieron funciones ajenas a las pensadas por sus dueños

Un espacio recuperado después de décadas

La familia vendió la residencia y su colección al Estado nacional en 1936. Al año siguiente abrió el museo, pero los dormitorios del primer piso no integraron nunca el recorrido público. Uno de ellos fue usado como despacho de dirección; el de Josefina alojó durante décadas al Museo de Arte Oriental, hasta su traslado en 2023

Esa mudanza liberó cuatro salones y permitió encarar una meta largamente postergada. Antes ya se había restaurado el dormitorio de Matías Errázuriz, un salón de familia y un salón chino. Faltaba el ámbito más íntimo y más cargado de historia: el de la matriarca de la casa

Archivo, investigación y artesanía

El arquitecto Andrés Rosarios, que había intervenido antes en otra habitación del palacio, volvió al edificio como mecenas y responsable del nuevo proyecto. Su trabajo comenzó con un hallazgo inesperado: el respaldo original de la cama de Josefina apareció mal archivado en el museo

Desde allí inició una búsqueda de catorce meses en documentos de la maison Carlhian, con los que pudo reconstruir el decorado con precisión inédita

Los papeles revelaron pedidos originales, telas, pasamanerías, maderas, dorados y colores. También permitieron corregir atribuciones aceptadas durante años, tanto sobre el conjunto Saint Mandé como sobre textiles vinculados a la cama y las cortinas. Para la reproducción se trabajó con sedas de alta complejidad, incluidas versiones de un diseño llamado Les Colombes, tejidas por talleres franceses especializados

El boudoir también fue revisado a fondo. Sus paredes fueron revestidas en satén de seda gris y el mobiliario recibió una tela histórica del tipo conocido como bizarre, con hilos metálicos y dibujo asimétrico. Distintos talleres franceses participaron del proceso, junto con restauradoras del museo que intervinieron bordados originales conservados en depósito

La cuenta regresiva para noviembre

El montaje final todavía espera algunas piezas que deben llegar desde Francia, entre ellas partes de la estructura de la cama. Si el cronograma se cumple, la inauguración será a mediados de noviembre y marcará un nuevo avance en la recuperación total del primer piso

Después de esta etapa, el museo planea restaurar también el dormitorio de la hija de Josefina, de estilo similar pero más pequeño y sobrio. La intención es devolver al conjunto su unidad original y reabrir un sector del palacio que permaneció cerrado durante generaciones

En el taller montado dentro del museo, la escena ya anticipa el resultado: candelabros reinstalados, tapicerías nuevas, bordados restaurados y una cama histórica que vuelve a vestirse. Más que una reconstrucción decorativa, el proyecto busca devolverle al edificio su condición de casa pensada para durar