En la esquina de la avenida Alvear y Montevideo se encuentra el Palacio Fernández Anchorena, una de las residencias más representativas de la arquitectura porteña. Desde abril de 1952 funciona como Embajada de la Santa Sede y será el hogar del papa León XIV durante su visita a la Argentina, prevista para el 8, 9, 10 y 11 de noviembre
La mansión fue encargada en 1907 por Juan Antonio Fernández y Rosa Irene de Anchorena. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto francés Édouard Le Monnier, autor también del Edificio Bencich y del Yacht Club Argentino
Los materiales y el mobiliario fueron adquiridos en Francia, siguiendo el gusto de la alta sociedad de comienzos del siglo XX. El edificio responde al modelo de hôtel particulier francés y conserva una imponente escalera de honor, integrada a un hall elíptico rodeado de columnas corintias y coronado por una cúpula
En el primer piso se encuentran el salón de baile, el gran comedor, el comedor diario, la terraza y el jardín de invierno. En el nivel superior están las habitaciones principales, un pequeño comedor y otra cúpula. La planta baja concentraba las áreas de servicio, la cocina y el escritorio. Allí también vive actualmente la comunidad de monjas que mantiene en funcionamiento la residencia
La fachada posterior se abre hacia jardines que descienden hasta la calle Posadas mediante una amplia escalinata
Una mansión que permaneció vacía durante años
Aunque el palacio quedó terminado en 1909, sus propietarios nunca llegaron a habitarlo. El matrimonio Fernández Anchorena vivía en París y proyectaba inaugurarlo en 1910, durante los festejos por el centenario de la Revolución de Mayo. Un problema de salud de Juan Antonio impidió el regreso de la pareja a Buenos Aires
Durante 13 años, hasta 1922, la propiedad estuvo ocupada únicamente por el personal doméstico. Rosa Anchorena administraba la mansión a distancia mediante un encargado y mantenía comunicación con él a través de cartas
En octubre de 1922, el palacio fue alquilado por Marcelo Torcuato de Alvear, recientemente elegido presidente de la Nación. Como la Casa Rosada se encontraba en malas condiciones y decidió no utilizar la Quinta Presidencial de Olivos, Alvear convirtió temporalmente la mansión en residencia presidencial
Sin embargo, consideró que el edificio era demasiado suntuoso. Un año después se mudó junto con su esposa, la soprano Regina Pacini, a una vivienda más modesta en Belgrano
El tiempo de Adelia Harilaos de Olmos
En 1925, el palacio fue alquilado por Adelia María Harilaos de Olmos, una de las mujeres más ricas de la Argentina. Viuda de Ambrosio Olmos, comerciante, terrateniente y dos veces gobernador de Córdoba, Adelia vivía frente a la mansión y ya conocía sus salones
Había nacido el 16 de junio de 1865 en una familia que atravesaba dificultades económicas. En 1895 conoció a Olmos, quien la cortejó durante años. Finalmente se casaron en París el 2 de mayo de 1902 y establecieron su hogar en el hotel Le Meurice
La relación estuvo rodeada de rumores. En 1905, durante una estadía en la estancia El Durazno, Adelia sufrió una crisis mental que se agravó con el tiempo. Olmos alquiló entonces una quinta en Olivos para que pudieran vivir con mayor privacidad
Ambrosio Olmos murió el 30 de abril de 1906, a los 60 años, tras una hemorragia estomacal. Adelia heredó una de las mayores fortunas del país, que incluía unas 300.000 hectáreas en Córdoba y cientos de miles de vacas
Tras ser declarada insana e internada en París, logró recuperar su libertad y regresó a la Argentina en 1907. Se instaló definitivamente en Buenos Aires en 1911 y dedicó buena parte de su vida a la beneficencia y a la actividad religiosa
Una anfitriona de la vida social porteña
Adelia colaboró con la Sociedad de Beneficencia, impulsó un sistema jubilatorio privado para sus trabajadoras y creó una colonia de vacaciones para sus hijos en una propiedad de Quilmes. También financió iglesias y destinó parte de su fortuna a obras sociales
Cuando alquiló el Palacio Fernández Anchorena, organizó una recepción para celebrar su llegada. La mudanza coincidió con la visita del príncipe de Gales, futuro rey Eduardo VIII, quien se alojó en el Palacio Ortiz Basualdo, ubicado al otro lado de la avenida
Adelia invitó a vivir con ella a los cinco hijos de su sobrina Lía Harilaos, fallecida tempranamente. Aunque estaba enamorada de la mansión, durante años no logró comprarla porque sus propietarios se negaban a venderla
En 1927 adquirió el Palacio Casey, situado en la esquina de Alvear y Rodríguez Peña, y comenzó a reformarlo. Pero los Fernández Anchorena redujeron el alquiler para convencerla de permanecer en su propiedad. El Palacio Casey quedó vacío durante años y fue prestado ocasionalmente al Gobierno nacional para alojar a visitantes ilustres
Adelia finalmente compró el Palacio Fernández Anchorena en 1942, luego de la muerte de sus propietarios. La mansión tenía una superficie de aproximadamente 5000 metros cuadrados
La transformación en residencia pontificia
Durante décadas, la casa fue un centro de actividad social, religiosa y benéfica. Adelia fundó la Liga de Damas Católicas, colaboró con la construcción de la iglesia Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa y donó la estancia El Durazno, de unas 5000 hectáreas en Río Cuarto, a los salesianos
En 1930 aportó 6 millones de liras para la reconstrucción de la Sociedad Gregoriana de Roma. En agosto de ese año fue nombrada condesa del Estado Pontificio
En 1934 organizó en Buenos Aires el XXXII Congreso Eucarístico Internacional. Para ese acontecimiento puso su residencia a disposición del Vaticano y recibió al cardenal Eugenio Pacelli, enviado pontificio que cinco años después sería elegido papa con el nombre de Pío XII
Pacelli llegó acompañado por sor Pascualina, una religiosa que se ocupaba de su atención. Adelia estableció una relación cercana con ella y, a través de ese vínculo, mantuvo posteriormente una comunicación directa con Pío XII
El legado que dejó Adelia
La residencia conservó un antiguo oratorio creado por Adelia. También cuenta con una capilla dedicada a la Virgen de Luján, grandes salones, una suite que hoy utiliza el nuncio y la habitación donde se alojó Pacelli
Adelia María Harilaos de Olmos murió el 15 de septiembre de 1949, a los 84 años. Fue enterrada junto a su esposo en el templo de las Hermanas Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, una de las iglesias que había impulsado
En su testamento, fechado el 13 de noviembre de 1947, legó a la Santa Sede el palacio, sus muebles y la cristalería. Estableció como condición que el edificio fuera utilizado como Nunciatura Apostólica, en recuerdo de la visita de Pío XII
También pidió que se vendieran los jardines y que el dinero se destinara a obras de caridad. La Santa Sede compró finalmente esos terrenos y evitó que la propiedad fuera dividida
De Juan Pablo II a León XIV
Desde entonces, el Palacio Fernández Anchorena es la residencia oficial del nuncio apostólico en la Argentina. Allí se alojó Juan Pablo II durante sus dos visitas al país
En 1982, durante la Guerra de Malvinas, el pontífice permaneció allí dos días y una noche. El 12 de junio salió al balcón de la Nunciatura y saludó a la multitud reunida frente al edificio
Juan Pablo II regresó el 6 de abril de 1987, durante la presidencia de Raúl Alfonsín y en medio del debate por la Ley de Divorcio. La residencia funcionó entonces como centro de operaciones de una gira que incluyó diez provincias
Antes de ser elegido papa, Jorge Bergoglio visitaba periódicamente el palacio como arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina. Tras su entronización como Francisco, en 2013, no volvió a la Argentina
El nuevo nuncio apostólico, el estadounidense Michael Banach, llegó al país el 22 de julio para coordinar, junto con la Conferencia Episcopal Argentina y la Presidencia, los preparativos de la visita de León XIV
El pontífice será el tercer papa en pisar la residencia porteña