Una vigilancia que quedó atrás
En Nizi, al este de Congo, Gédéon Banga Ngbape y su equipo recorren comunidades enteras para ubicar a personas que pudieron haber estado expuestas al brote de ébola que más rápido se ha expandido en la historia del país
Revisan decenas de alertas por día, buscan contactos de casos sospechosos o confirmados e intentan derivar a atención médica a quienes presentan síntomas antes de que el virus avance más
Pero el sistema de vigilancia ya no logra seguirle el ritmo a la epidemia. Entre el 60% y el 70% de los nuevos casos se detecta en personas que no estaban bajo seguimiento como contactos, lo que hace que muchos contagios se descubran tarde
“La vigilancia es el motor de la respuesta”, resumió Ngbape
Más de 2.200 muertes y una respuesta desbordada
Las cifras oficiales más recientes hablan de más de 2.200 muertos y más de 4.700 casos. Ese saldo se alcanzó casi tres veces más rápido que durante el brote de África occidental de 2014-2016, el más mortífero registrado hasta ahora
Mientras tanto, las autoridades humanitarias sumaron 30,5 millones de dólares en fondos de emergencia para reforzar la respuesta
Desde la Organización Mundial de la Salud describen la situación de forma cruda: el virus va por delante de quienes intentan frenarlo
Jornadas largas, salarios atrasados y pocos insumos
En Nizi, los equipos de vigilancia reciben entre 60 y 70 alertas por día. Las recorridas se extienden hasta entrada la noche y, según Ngbape, suelen comenzar a las 8 de la mañana y terminar cerca de las 11 de la noche, o incluso más tarde
Ana Ndroy Kasime, otra trabajadora comunitaria, dijo que visita casas para informar sobre ébola y reportar casos sospechosos, pero que muchas veces lo hace sin botas, desinfectante ni otros elementos básicos de protección
“Compramos el desinfectante con nuestro propio dinero”, señaló
La tensión aumentó esta semana cuando trabajadores del Centro de Tratamiento de Nizi iniciaron una huelga y la instalación cerró de manera temporal. Ngbape aseguró que no cobran desde hace más de tres meses
Las autoridades sanitarias continentales pidieron al gobierno congoleño que pague los salarios adeudados. El gobierno respondió que los pagos se demoraron por una verificación de nóminas y por el cambio de efectivo a transferencias móviles
Kasime dijo que su salario sí fue abonado, pero lo considera insuficiente frente al riesgo y la carga de trabajo
Inseguridad, desplazamientos y desconfianza
La respuesta también choca con otro obstáculo: en el este congoleño operan decenas de grupos rebeldes y milicias. La inseguridad limita el movimiento de los equipos, complica el seguimiento de contactos y obliga a algunos trabajadores a abandonar zonas remotas para refugiarse en Bunia, la capital provincial
A eso se suman los desplazamientos de población vinculados a la minería y a los combates, además de caminos en mal estado o directamente intransitables
En algunos lugares también hubo ataques de residentes contra centros de salud y personal médico, impulsados por la desinformación y por el rechazo a las restricciones sobre los entierros tradicionales
En Nizi, sin embargo, Ngbape aseguró que no han sufrido agresiones y que la cooperación de la comunidad mejoró con el tiempo
Para él, mantener activa la vigilancia sigue siendo la única forma de evitar que cada infección aislada termine convertida en una nueva cadena de transmisión
“Estoy aquí para salvar vidas”, dijo