LHASA, Tíbet. Kalsang Lhamo traza despacio los caracteres de la escritura tibetana. Tiene 73 años, es jubilada y pasó toda su vida hablando tibetano, aunque nunca aprendió a escribirlo. Ahora asiste a clases en un centro para adultos mayores y se sumerge en un alfabeto que considera parte esencial de su identidad

Lhamo también habla y escribe en chino. Ese idioma pasó a ser el principal en escuelas y oficinas públicas bajo una nueva ley de “unidad étnica” aplicada el 1 de julio. La norma prohíbe actos que, según las autoridades, inciten divisiones entre los 56 grupos étnicos de China y exige que escuelas, familias e instituciones promuevan el patriotismo, la unidad nacional y un fuerte sentido de comunidad

La legislación fue cuestionada por organizaciones y críticos, que la ven como otro paso en la erosión de los derechos de tibetanos y otras minorías. También advierten que otorga a Pekín nuevas herramientas para perseguir actividades que considere separatistas, incluso fuera de China. El gobierno chino rechaza esas críticas y las atribuye a un sesgo ideológico

En Tíbet, una región himalaya autónoma en lo formal pero fuertemente controlada por Pekín, la discusión tiene una carga particular. Este año, China conmemora el 75 aniversario de lo que llama la “liberación pacífica” de Xizang, el nombre chino de Tíbet; para muchos tibetanos en el exilio y otros detractores, fue una invasión

La cultura tibetana, entre la adaptación y la presión

Activistas tibetanos sostienen que la nueva ley profundiza la asimilación cultural. Grupos de derechos humanos señalan que políticas de idioma ya se aplicaron en otras regiones de minorías, como el aumento de la educación en mandarín para uigures en Xinjiang y la sustitución parcial de la enseñanza en mongol por mandarín en Mongolia Interior

“Las comunidades minoritarias que buscan mantener su cultura serán empujadas hacia una doble vida de conformidad pública y reservas privadas”, escribieron dos especialistas en un análisis reciente

Durante una visita organizada por autoridades chinas, periodistas recorrieron Lhasa y Shannan, con paradas en palacios, templos budistas, sitios turísticos, negocios locales y el centro de adultos donde estudia Lhamo. Funcionarios acompañaron todo el recorrido y no hubo margen para moverse libremente ni para trabajar con independencia

En Tíbet, las señales de pertenencia a China están por todas partes: mensajes de bienvenida en aeropuertos, carteles sobre unidad étnica, banderas nacionales y retratos de Xi Jinping en plazas y edificios públicos

Pero muchos tibetanos buscan formas de sostener su identidad. Eso puede incluir estudiar la escritura tibetana, hablarla en casa, conservar técnicas tradicionales de tejido o participar en rituales budistas

Fe, idioma y memoria

En el templo Jokhang, uno de los lugares sagrados más importantes del budismo tibetano, visitaron tanto tibetanos como chinos Han. Sin embargo, no había referencias visibles al Dalái Lama actual, exiliado en India desde la revuelta fallida de 1959 contra el dominio chino

La sucesión del 14º Dalái Lama sigue siendo uno de los temas más sensibles sobre Tíbet. El líder espiritual ha dicho que su sucesor podría nacer fuera de China y que solo su oficina tiene autoridad para reconocer la reencarnación. Pekín, en cambio, sostiene que la elección debe ajustarse a la ley china y contar con aprobación oficial

El Palacio Potala, antigua residencia invernal de los Dalái Lama, tampoco exhibe referencias públicas al actual líder. Cada día recibe a miles de visitantes, entre turistas de distintas partes de China y creyentes locales que rezan y dejan ofrendas. Hoy, allí también ondea la bandera nacional china

Benno Weiner, profesor e historiador especializado en China y Tíbet, dijo que los efectos más visibles de este giro ya se ven desde hace años, sobre todo en educación e idioma. A su juicio, la ley no cambia tanto la realidad como la consolida

El gobierno chino sostiene que estas políticas mejoran las oportunidades educativas y garantizan igualdad de acceso para las minorías. En la misma semana de la visita, el dirigente del Partido Comunista Wang Huning recorrió Tíbet y llamó a mantener la estabilidad, aplicar la ley de unidad y orientar al budismo tibetano hacia la sociedad socialista

También hubo recorridos por centros de medicina tibetana, talleres artesanales y espacios culturales dedicados a cerámica, tejido y ópera tibetana. Weiner advirtió que la preservación cultural impulsada por el Estado suele privilegiar expresiones menos sensibles políticamente y atractivas para el turismo

En el Museo de Tíbet, una muestra destaca los vínculos históricos con dinastías chinas para reforzar la idea de que la región ha formado parte de China durante siglos. Muchos tibetanos en el exilio rechazan esa narrativa y sostienen que Tíbet fue independiente gran parte de su historia

Para Lhamo, la respuesta es más íntima. Retirada hace 22 años, procura asistir a clases casi todos los días para aprender gramática, poesía y escritura. No pudo ir a la escuela cuando era niña. “Nuestra lengua materna es el tibetano”, dijo con orgullo