El filósofo Darío Sztajnszrajber planteó que la filosofía puede cumplir una función terapéutica: tomar distancia de las exigencias cotidianas y revisar la obligación de convertir cada actividad en una fuente de rendimiento o ganancia
Desde su perspectiva, pensar filosóficamente permite poner en duda las ideas previsibles sobre la utilidad, la felicidad y el amor. Cuando esos ámbitos se evalúan con criterios exclusivamente productivos, sostuvo, algunos aspectos de la experiencia humana quedan relegados
La felicidad como imperturbabilidad
Sztajnszrajber recuperó la noción epicúrea de ataraxia, entendida como un estado de tranquilidad o imperturbabilidad del alma. Según explicó, Epicuro vinculaba la pérdida de esa calma con las dependencias y con la creencia de que las cosas pueden durar indefinidamente
En ese marco, una relación afectiva o una propiedad pueden convertirse en fuentes de preocupación cuando la persona queda demasiado pendiente de conservarlas o teme constantemente que se deterioren
La propuesta de Epicuro, tal como la presentó el filósofo, relaciona la felicidad con los placeres simples y con la posibilidad de evitar el dolor. En una síntesis, la idea puede expresarse así: ser feliz consiste en que la vida no duela
Una salida del mandato de producir
El filósofo también cuestionó que la existencia se organice bajo el mandato del rendimiento permanente. Advirtió que la vida es breve y que, si se la dedica por completo a acumular resultados, la pregunta por el sentido puede aparecer cuando queda poco tiempo para formularla
Frente a esa lógica, propuso recuperar el valor de lo inútil, lo inesperado y aquello que no responde a una finalidad inmediata. Para él, esa apertura permite explorar otras formas de vivir y de pensar
La libertad de apartarse de lo previsto
Sztajnszrajber definió su propuesta como una filosofía del escape: un intento de liberarse de las formas sociales que moldean la conducta, aunque sin afirmar que exista una liberación completa
En ese sentido, hacer filosofía implica apartarse de las respuestas automáticas y de las acciones esperadas. La libertad aparecería, entonces, en la posibilidad de interrumpir los recorridos habituales y preguntarse por aquello que normalmente no se cuestiona