El filósofo Darío Sztajnszrajber sostuvo que la filosofía puede cumplir una función terapéutica al ayudar a las personas a tomar distancia de las exigencias cotidianas y de la presión por ser productivas de manera constante
Según explicó, existe una forma de entender la vida basada en aprovechar cada paso, generar ganancias y acumular resultados. Aunque no la juzga, señaló que esa lógica no representa su manera de pensar y advirtió que algo se pierde cuando la felicidad o el amor son analizados únicamente desde la utilidad y la planificación
La felicidad como imperturbabilidad
Al referirse a Epicuro, Sztajnszrajber destacó la idea de la ataraxia, entendida como la imperturbabilidad del alma. Se trata de alcanzar cierta paz interior y evitar que las circunstancias desplacen a la persona de su eje
El filósofo griego consideraba que muchas perturbaciones surgen de las dependencias y de los llamados “falsos infinitos”: la creencia de que algo puede durar para siempre. Esa lógica puede aparecer tanto en los vínculos amorosos como en la relación con las propiedades, cuando el temor a perderlas o a que se dañen ocupa el centro de la experiencia
“Epicuro está tratando de asociar la felicidad con un placer, pero con un placer por las cosas mínimas”, explicó. En ese sentido, resumió la propuesta epicúrea con una frase: “Ser feliz es que no duela”
Una crítica al rendimiento permanente
Sztajnszrajber también cuestionó la idea de organizar toda la existencia alrededor del rendimiento. Consideró que la vida es demasiado breve para dedicarla exclusivamente a la acumulación de resultados y planteó que, cuando una persona empieza a preguntarse para qué vive, puede descubrir que el tiempo ya se está terminando
Frente a esa lógica, reivindicó la recuperación de lo inútil como una posibilidad para abrir nuevas perspectivas. A su entender, no hacer filosofía o apartarse de los criterios habituales de evaluación puede permitir que algunas personas vivan mejor
La libertad de escapar de lo previsto
El filósofo propuso pensar una “filosofía del escape”, orientada a reconciliar al individuo con lo inesperado y con aquello que no responde a una finalidad productiva. Para él, ser libre consiste en intentar desprenderse de las formas que moldearon a cada persona, aunque no exista necesariamente una liberación completa
“Hacer filosofía es rascarse donde no pica”, afirmó. Con esa imagen, describió el intento de apartarse de las coordenadas previsibles que establece el mundo y de cuestionar aquello que se espera que cada individuo haga. Salir de esa previsibilidad, concluyó, constituye una de las formas posibles de la libertad