Dos garcetas se reflejan en el agua de las marismas de Harchies, en Bélgica, como si formaran una imagen partida en dos. La escena, sin embargo, también resume un conflicto que las vuelve protagonistas involuntarias
Una frontera que no existe para las aves
En Bélgica, ese humedal está protegido. Apenas a unos kilómetros, del lado francés, el paisaje cambia: no hay resguardo ambiental y la temporada de caza fue habilitada por vía legal
Las aves atraviesan la zona sin reconocer límites políticos. Mientras en un lado son defendidas por organizaciones proteccionistas, en el otro quedan expuestas a los disparos de cazadores que actúan dentro de la norma
La consigna de una protesta ciudadana en Bélgica lo resumió con claridad: las aves no tienen fronteras. Por ahora, el desacuerdo entre ambos lados parece lejos de resolverse