Hay personas que sienten el impulso de irse y otras que, con el tiempo, vuelven a mirar hacia sus raíces. Lucas Ulanovsky pertenece a ese segundo grupo: dejó la Argentina para vivir una experiencia en Medellín y, años después, decidió regresar al país
“Pensé que quizás era hora de regresar a mi casa y construir mi futuro cerca de mi familia”, cuenta. La vuelta no fue simple: implicó readaptarse a una realidad personal y social que había cambiado mientras estuvo afuera
De los prejuicios a la fascinación
Su vínculo con Colombia empezó atravesado por ideas preconcebidas. Durante años, su referencia del país venía de series, películas y noticieros que insistían en la violencia y el narcotráfico
Todo cambió cuando conoció a jóvenes colombianos que estudiaban en Argentina. Su capacidad de adaptación y la forma en que reconstruían su vida en otro país le despertaron admiración y curiosidad
Tiempo después viajó de vacaciones con ellos y terminó en Medellín, casi por sorpresa. Llegó esperando una ciudad hostil y encontró otra cosa: montañas iluminadas, movimiento, música y una energía que lo descolocó para bien
“En esos cuatro días no encontré rastros de violencia; descubrí una ciudad maravillosa”, resume. La experiencia le cambió la mirada sobre Colombia y le dejó una promesa: volver, pero para quedarse
El viaje largo hasta su nuevo hogar
Con el paso de los años, Ulanovsky se recibió de publicista y se especializó en eCommerce y marketing digital. Aunque parecía que el plan quedaba lejos, en 2019 decidió concretarlo
Juntó sus ahorros, cargó lo necesario en su auto y salió desde Buenos Aires rumbo a Medellín. El recorrido le llevó tres meses y lo hizo atravesar Argentina, Bolivia, Chile, Perú, Ecuador y, finalmente, Colombia
Los primeros tiempos no fueron fáciles. Llegó solo, sin trabajo, sin casa y con una adaptación cultural por delante. Aun así, en poco tiempo consiguió vivienda y empleo como coordinador de marketing
Una ciudad partida entre progreso y pasado
Medellín le confirmó su primera impresión: una ciudad con una fuerte apuesta por el desarrollo, mejor conectada, más atractiva para el turismo y con una infraestructura que lo sorprendió
Pero también vio el otro lado. Según su mirada, todavía persisten rastros de la herencia del narcotráfico y de una cultura marcada por décadas difíciles. Esa tensión entre avance y pasado, dice, sigue muy presente
Para él, una de las claves está en las oportunidades educativas y en el acceso a mejores condiciones de vida para los jóvenes. Esa lectura también lo llevó a valorar más lo que tiene la Argentina
Volver también fue emigrar
Después de vivir afuera, regresar no le resultó un trámite emocional menor. Habla de un “choque migratorio inverso”, una especie de desacomodo al volver a un lugar que ya no es exactamente el mismo
Aun así, considera que la experiencia en Colombia le dejó una mirada más amplia sobre América Latina y sobre las posibilidades que ofrece la región
También dejó una reflexión sobre la migración: para él, quien se va en busca de oportunidades no traiciona sus raíces. “Un migrante argentino no es antipatriota, es un embajador”, afirma
Hoy, ya de regreso en la Argentina, busca aportar desde esa experiencia y seguir pensando la integración latinoamericana desde otro lugar