TYRE, Líbano. Fatima Khashab, de 11 años, ayuda a su madre a ordenar el pequeño espacio donde duermen en una escuela convertida en albergue. En ese establecimiento de la ciudad costera de Tyre viven unas 200 familias, en su mayoría procedentes de localidades del sur que quedaron destruidas o bajo ocupación militar israelí
El curso escolar está previsto para el 15 de septiembre, pero miles de desplazados siguen alojados en escuelas públicas. La falta de un acuerdo político claro mantiene abierta la incertidumbre sobre su regreso a casa
Un sistema educativo bajo presión
Las autoridades educativas aseguran que tienen un plan para reanudar las clases sin desalojar a todas las familias de inmediato. Sin embargo, el clima entre los desplazados es de ansiedad y cansancio después de meses de guerra, destrucción y mudanzas forzadas
La madre de Fatima, Randa al-Taki, de 51 años, resume ese temor: no saben si volverán a su aldea ni si la crisis empeorará. También teme que sus hijos pierdan otro año de aprendizaje
El sistema escolar libanés, históricamente uno de los pilares del país, arrastra una sucesión de golpes desde 2019: el derrumbe económico, la pandemia, la explosión del puerto de Beirut y dos guerras. El conflicto actual dejó a cientos de miles de niños con su educación interrumpida
Organizaciones de ayuda sostienen que ya se acumulan al menos cuatro años de pérdida de aprendizaje. Durante el punto más intenso de la guerra, la mitad de las escuelas públicas del país funcionó como refugio, lo que afectó a más de 250.000 estudiantes
Escuelas abiertas, refugios todavía activos
Según funcionarios del área educativa, unas 80 escuelas siguen alojando desplazados. En algunos casos, una parte del edificio reabrirá para clases mientras otra continuará como refugio. En Beirut, el plan oficial contempla trasladar familias a inmuebles vacíos
El problema mayor son los daños materiales: 340 escuelas quedaron afectadas por la guerra, unas 30 fueron destruidas y no hay fondos suficientes para repararlas. Otras permanecen inaccesibles en zonas ocupadas
La alternativa de las clases en línea también enfrenta límites. Muchas familias viven en condiciones precarias, con pocos dispositivos y conexiones inestables. En algunos hogares, un solo aparato debe compartirse entre varios niños
La vida dentro del albergue
En el refugio de Tyre, el contacto con familiares y vecinos conocidos alivia algo la tensión. También hay actividades organizadas para los chicos. Pero la falta de intimidad pesa. Las familias viven detrás de lonas improvisadas y describen la convivencia como asfixiante
Antes de la guerra, la familia de Fatima cultivaba zaatar y su padre vendía snacks desde un tuk-tuk en la playa. Ahora perdieron la temporada de cosecha y no tienen trabajo
La niña extraña su cama y su casa. Quiere volver a estudiar y dejar atrás la vida de pasillos, lonas y traslados repetidos
Mientras tanto, unas 350.000 personas siguen desplazadas en Líbano. La mayoría alquila viviendas o se hospeda con parientes, pero alrededor de 21.000 continúan en refugios colectivos. Para ellos, el regreso a la rutina escolar todavía depende de una estabilidad que no llega