Tras seis meses de guerra, la dirigencia de Irán se ha reagrupado alrededor de un núcleo duro de generales y clérigos con larga trayectoria en el poder. La nueva cúpula se prepara para una confrontación prolongada con Estados Unidos y busca, al mismo tiempo, impedir cualquier señal de inestabilidad interna

Una señal de endurecimiento

Los nombramientos recientes reforzaron esa orientación. Mohsen Rezaei pasó a ocupar la secretaría del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y advirtió que, si Donald Trump “quiere hacer algo”, Irán responderá de forma “sísmica”. También sostuvo que, si continúa la guerra económica, no saldrá “ni una sola gota de petróleo” del golfo Pérsico

La nueva línea de mando fue definida por decretos del líder supremo, Mojtaba Khamenei, después de la campaña de bombardeos del 28 de febrero, que dejó fuera de combate a gran parte de la jerarquía. Entre las designaciones más sensibles estuvo la de Hossein Taeb al frente del Basij, la fuerza voluntaria de la Guardia Revolucionaria que tuvo un papel central en la represión de protestas masivas

Economía bajo presión, control en la calle

Taeb, un clérigo de línea dura y exjefe de inteligencia, fue visto como una apuesta para anticiparse a cualquier estallido social en medio del deterioro económico. El Basij mantiene una red nacional de voluntarios con presencia en calles, oficinas públicas y centros culturales, y su tarea incluye vigilar la lealtad ideológica al sistema

Mientras los sectores más duros rechazan cualquier acercamiento con Washington, voces más moderadas insisten en que prolongar el conflicto puede resultar costoso para el país. El presidente Masoud Pezeshkian sigue defendiendo una salida negociada y sostiene que Irán corre el riesgo de excederse si mantiene la guerra mientras se agrava la crisis económica

Por ahora, no hay señales de nuevas protestas, pero el mensaje del poder es claro: blindar la cúpula, reforzar el control interno y sostenerse frente a una posible nueva escalada con Estados Unidos