Irán muestra una línea común en el terreno militar: responder con dureza y esperar a que su resistencia pese más que la de Estados Unidos y sus aliados. Pero esa apariencia de cohesión convive con una pulseada abierta por el objetivo final de la guerra
Dos visiones dentro del poder
De un lado se ubican los sectores más duros, alineados con el movimiento Paydari, que rechazan cualquier negociación y apuntan a una victoria total. Del otro, aparecen los aliados del presidente Masoud Pezeshkian y del titular del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf, que ven la presión militar como una herramienta para forzar un acuerdo favorable
En ese segundo grupo pesa también el deterioro económico. La guerra profundiza la caída de la moneda, la inflación y el desempleo, mientras la sociedad iraní cambia y exige otras respuestas del poder
La incógnita del liderazgo supremo
La disputa interna también gira alrededor del nuevo líder supremo, el ayatollah Mojtaba Khamenei. Su posición sigue sin estar del todo clara y ambos bandos aseguran contar con su respaldo. Esa ambigüedad alimenta la pelea por el control del país cuando termine el conflicto
Un alto el fuego acordado en abril había dado aire a la línea más pragmática, con apoyo mayoritario dentro del Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Pero el acuerdo se erosionó por los choques posteriores, las tensiones en torno al estrecho de Ormuz y la falta de alivio económico prometido
Presión de los ultras y respuesta oficial
Los sectores más intransigentes han buscado marcar la agenda con actos callejeros y con influencia en la televisión estatal. Desde allí impulsan un discurso de confrontación y descalifican a quienes aceptan negociar
El entorno de Pezeshkian respondió acusando a la emisora pública de dividir al país en plena guerra. La grieta quedó expuesta con interrupciones de transmisiones en vivo y con críticas públicas entre funcionarios y medios oficiales
En paralelo, también hubo señales de endurecimiento social: cierres temporales de cafés en el centro de Teherán, después de que circularan videos que mostraban una relajación de las normas del velo y una mayor mezcla social durante la tregua
El costo interno de la guerra
El sector pragmático insiste en que no se puede sostener la unidad sin atender el malestar de la población. En julio, más de 250 figuras públicas firmaron una petición contra la guerra y advirtieron sobre sus costos para la vida cotidiana
La discusión de fondo ya no es solo cómo pelear, sino quién controlará Irán al final del conflicto. Si el liderazgo supremo actúa como freno, el sistema podría contener la escalada interna. Si no lo hace, la disputa entre facciones puede volverse todavía más peligrosa