PARÍS. La Semana de la Moda de París vuelve a concentrar la atención de la industria después de las citas de Nueva York, Londres y Milán. Durante nueve días, 67 desfiles, 34 presentaciones y cientos de eventos anticipan las tendencias de la próxima temporada

Esta vez, el acento japonés se percibe con especial fuerza. Doce de las 101 casas incluidas en el calendario oficial son de Japón, entre ellas Comme des Garçons, Yohji Yamamoto, Sacai y Anrealage. Su influencia también aparece en las vidrieras, en los negocios especializados y en las prendas que circulan por las calles

Una presencia que atraviesa París

En la Rive Gauche, Le Bon Marché presenta hasta el 18 de octubre Super Japon, una propuesta inspirada en los konbini, los almacenes japoneses donde conviven alimentos, papelería, objetos de diseño, ropa y productos de estética kawaii

El montaje incluye koinobori, los tradicionales banderines con forma de pez, y noren, las cortinas que suelen separar los ambientes en Japón. Las escaleras mecánicas diseñadas por Andrée Putman funcionan como escenario de La conserje del gran almacén, el manga de Tsuchika Nishimura

En el segundo piso, Sacai instaló un pop-up junto a Sarah Andelman, cofundadora de colette. El 17 de octubre, la casa Penelope’s subastará piezas de diseñadores japoneses icónicos

En el Marais, la propuesta es más experimental. Allí funciona la sede parisina de Dover Street Market, el concept store fundado en Londres en 2004 por Rei Kawakubo, creadora de Comme des Garçons, y Adrian Joffe. Durante la semana, el patio recibe una obra de Comme des Garçons dedicada al artista Yukio Nakagawa, mientras que los percheros exhiben la colaboración de Sacai con Levi’s

La revolución que empezó con el negro

La influencia japonesa en París se construyó durante décadas. Kenzo Takada llegó a la capital francesa en los años 60 y en 1970 abrió su primera boutique, Jungle Jap, en la Galerie Vivienne. Sus estampados intensos y sus siluetas inspiradas en la tradición japonesa transformaron la escena local

Sus desfiles incorporaban bailarines, patinadores y artistas, y convertían la pasarela en un espectáculo. Junto con Issey Miyake y Hanae Mori, integró la primera generación de diseñadores japoneses que ganó reconocimiento en la moda francesa

Miyake reformuló el plisado a fines de los años 80 con Pleats Please, una propuesta inspirada en el origami. En la misma década, Rei Kawakubo y Yohji Yamamoto llegaron a París con colecciones mayormente negras, prendas amplias y asimétricas, bordes sin terminar y costuras visibles

Su respuesta al cuerpo ceñido y al color dominante de aquella época consistió en ocultar la figura en lugar de remarcarla. De esa escuela surgió Junya Watanabe, discípulo de Kawakubo, quien lanzó su propia línea en 1993 bajo el paraguas de Comme des Garçons y desde entonces desfila en París

El legado continúa tanto en las colecciones actuales como en el mercado vintage. Las prendas de archivo de estas casas tienen un peso propio y despiertan un interés particular entre las generaciones más jóvenes

Nuevos nombres y reconocimiento internacional

El circuito parisino también recibe a diseñadores más recientes. Anrealage, la firma fundada por Kunihiko Morinaga en 2003, desfila en París desde 2014 y vistió a Beyoncé durante sus últimas giras. Noir Kei Ninomiya, por su parte, es una de las marcas preferidas de Björk

Otro de los casos destacados es el de Soshi Otsuki, ganador del LVMH Prize 2025 por decisión casi unánime de un jurado integrado por Jonathan Anderson, Nicolas Ghesquière, Stella McCartney y Phoebe Philo. Fue la primera vez que el premio reconoció a un diseñador dedicado exclusivamente a la sastrería

Su crecimiento había comenzado un año antes, cuando obtuvo el Tokyo Fashion Award, un programa del gobierno metropolitano que selecciona ocho marcas por ciclo y las conecta con compradores en París

De la pasarela a la vida cotidiana

La moda japonesa también se impone con prendas prácticas y funcionales. Entre los accesorios más visibles aparecen las Onitsuka Tiger Mexico 66, una zapatilla deportiva nacida en Japón durante los años 60 que pasó de las pistas de atletismo a convertirse en uno de los modelos más buscados

También se repite la riñonera de nailon de Uniqlo, cuyo precio es inferior a 20 dólares y que alcanzó una enorme popularidad gracias a las redes sociales. La marca se convirtió en un básico para públicos muy diversos, apoyada en una relación entre precio y calidad difícil de igualar por su escala

Su propuesta abarca desde cárdigans de cashmere y camperas térmicas hasta pijamas. La utilizan seguidores del lujo silencioso, del workwear japonés, del gorpcore y quienes simplemente buscan ropa funcional

Al mismo tiempo, Uniqlo mantiene vínculos con la moda de autor. Desde 2017 colabora con Jonathan Anderson, director creativo de Dior, fundador de su propia marca y uno de los diseñadores más influyentes del momento

La compañía cuenta con 2519 tiendas en todo el mundo. Fast Retailing, el grupo al que pertenece, se fijó como objetivo alcanzar ventas anuales de 10 billones de yenes, casi el triple de su facturación actual

La red de proveedores es central en ese modelo. El Heattech, uno de sus productos más conocidos, fue desarrollado junto con Toray, empresa química y textil con la que trabaja desde 2006. Una parte importante de su denim proviene de Kaihara, la misma tejeduría que abastece a Levi’s

El poder de la materia prima

La fortaleza del sistema japonés también está en los materiales. En 2025, el país exportó textiles por unos 6200 millones de dólares. Aunque no compite en volumen con China, Bangladesh o Vietnam, ganó relevancia en el segmento premium al combinar tradición, precisión industrial e innovación

Toray nació en 1926 para fabricar rayón, una fibra artificial que imita la seda. Actualmente es el mayor productor mundial de fibra de carbono, un material liviano y resistente utilizado en productos que van desde aviones hasta raquetas de tenis

Junto con Teijin, la empresa desarrolla materiales técnicos para marcas como The North Face y Patagonia. Su alianza con Issey Miyake lleva medio siglo y permitió crear para esa casa el primer poliéster completamente vegetal del mundo. Este año, además, lanzó Aurlist, un filamento de poliéster diez veces más fino que la seda y capaz de reproducir su brillo

Kaihara representa la continuidad artesanal. Fundada en Hiroshima en 1893 para teñir con índigo, comenzó a dedicarse al denim en los años 70 y hoy controla el proceso completo, desde el hilado hasta el acabado. Produce la mitad del denim japonés y sus telas se utilizan en prendas de Levi’s, Lee y A.P.C

Parte de su producción se realiza en antiguos telares de lanzadera llegados desde Estados Unidos a mediados del siglo pasado. En Japón todavía se operan manualmente, lo que genera una textura irregular difícil de reproducir

El lujo europeo también recurre a proveedores japoneses. Kuroki, otra importante tejeduría de denim, se convirtió en el primer socio japonés de LVMH Métiers d’Art, el programa que protege y financia talleres artesanales vinculados con las marcas del grupo

En Kioto, Hosoo lleva más de tres siglos produciendo seda Nishijin, el brocado que antiguamente utilizaban samuráis y shogunes. Bajo la dirección de la duodécima generación de la familia fundadora, trabaja para casas como Louis Vuitton y Chanel y combina técnicas históricas con telares modernos

También existen proveedores menos conocidos, como Okada Textile, especializada en pieles sintéticas utilizadas por Prada y Chanel, y Suncorona Oda, que fabrica organzas y tules livianos con máquinas diseñadas y construidas por la propia empresa

En ese entramado, conceptos como shokunin, la dedicación de quien perfecciona un oficio, y takumi, el maestro que alcanza ese dominio, dejan de ser ideas abstractas. Se convierten en una cadena productiva donde el conocimiento transmitido entre generaciones convive con laboratorios, maquinaria y nuevos materiales

Desde la primera fila de un desfile, el fenómeno japonés puede parecer el resultado del talento de unos pocos creadores. Pero detrás de cada colección también están las tejedurías, los laboratorios y los proveedores que construyeron, desde el hilo hasta la pasarela, el lugar central de Japón en la moda internacional