Una carta con la Torre Eiffel, un puente famoso o una pieza para armar puede parecer un simple juego. Pero, en una jornada de estimulación cognitiva realizada en We Care, esas consignas funcionaron como disparadores de memoria, diálogo y participación
En el encuentro participaron Mnemos, Helicoidea y Brain Books con distintas propuestas recreativas. Hubo cartas, juegos de mesa, libros, lápices, dibujos, desafíos y materiales para construir, en un clima atravesado por la atención, la curiosidad y las ganas de intervenir
Recuerdos que vuelven con una imagen
En una de las mesas, Gustavo y Alicia trabajaban con cartas que invitaban a reconocer lugares emblemáticos del mundo. A partir de esas imágenes comenzaron a aparecer recuerdos de viajes, ciudades donde habían vivido y experiencias personales ligadas a cada sitio
Desde Mnemos destacaron que el valor de este tipo de actividades está en la historia de cada persona. Cuando la propuesta logra implicar de verdad a los participantes, explicaron, es porque toca algo de su propia biografía
La escena dejó una idea clara: una consigna simple puede abrir un recorrido más amplio, donde recordar no es solo responder bien, sino volver por un momento a una parte de la vida
Crear en grupo también estimula
En otra mesa, un gran mandala propuesto por Helicoidea se fue transformando a medida que avanzaba el juego. La idea era construir entre varios, pero las piezas terminaron dando lugar a nuevas formas surgidas de la imaginación de los participantes
La dinámica obligó a observar, combinar, probar y crear en conjunto. Además de entrenar la atención y la asociación, la actividad reforzó el intercambio con los demás y el trabajo compartido
Más lejos, Brain Books ofrecía cuentos breves y desafíos recreativos. Cuando una representante acercó un libro de relatos cortos a una residente, la respuesta fue inmediata: “Lo voy a leer”. Una frase breve que resumió algo presente durante toda la tarde: la curiosidad seguía activa
La conversación como parte del ejercicio
Pintar, dibujar, completar figuras, reconocer lugares o resolver consignas ponen en juego memoria, lenguaje, creatividad y concentración. Pero cuando estas actividades se hacen en grupo aparece otro efecto difícil de medir y fácil de ver: la conversación
Recordar no siempre significa acertar. A veces es reconocer una ciudad y volver, aunque sea por unos segundos, a un viaje antiguo. O contar dónde se vivió, qué ocurrió allí y con quién se compartió ese momento
Por eso, más que los juegos terminados, quedaron las imágenes de quienes jugaban: manos en movimiento, miradas atentas, relatos alrededor de una mesa y sonrisas durante toda la tarde
La estimulación cognitiva puede asociarse con entrenamiento y ejercicios, pero también puede tomar una forma más cotidiana y amable. Un juego, un cuento o una conversación alcanzan para observar, imaginar, asociar y recordar. Y cuando aparece la propia historia, la experiencia deja de sentirse como una tarea y se convierte en algo mucho más valioso
Entonces, una carta ya no muestra solo la Torre Eiffel. También puede devolver un viaje, una época de la vida y una historia que todavía merece ser contada