Una parte importante de las enfermedades puede transmitirse a través de las manos. Por eso, la higiene frecuente resulta clave para reducir el contacto con bacterias, hongos y virus

La esponja, el objeto más contaminado de la cocina

Aunque muchas personas consideran que el baño es el sector más sucio de la casa, el mayor nivel de contaminación suele encontrarse en la cocina. La humedad, los restos orgánicos y el calor de la cocción generan condiciones favorables para la proliferación de microorganismos

Dentro de ese ambiente, la esponja puede acumular cerca de 3500 millones de gérmenes. El trapo de cocina también requiere una renovación frecuente. Una recomendación consiste en desechar ambos elementos de manera continua y desinfectar los recipientes utilizados para contenerlos con un poco de lavandina

El salero es otro objeto que suele quedar fuera de las rutinas de limpieza. Según Tartaglione, el 48% de los frascos presentes en una cocina está contaminado. Esto puede ocurrir cuando se manipula carne cruda y luego se toca el recipiente sin lavarse las manos, lo que facilita la contaminación cruzada

El celular también puede transportar microorganismos

El teléfono móvil puede convertirse en otro foco de contaminación, especialmente porque muchas personas lo llevan al baño. El especialista indicó que seis de cada diez celulares presentan contaminación con materia fecal

Después de utilizar el sanitario, recomendó realizar un lavado completo: frotar las palmas, el dorso de las manos, los dedos y los pulgares. El secado también es importante, ya que la humedad favorece el desarrollo bacteriano. Para lograr una sequedad total, señaló que el papel descartable es preferible a los dispositivos de aire caliente

Por qué conviene bajar la tapa del inodoro

Antes de accionar la descarga, es aconsejable bajar la tapa del inodoro. La dispersión de partículas puede alcanzar hasta ocho metros y desplazarse por el baño a través de las corrientes de aire

Las defensas naturales permiten convivir con numerosos agentes patógenos sin enfermarse. Sin embargo, el riesgo de contagio aumenta cuando una persona se encuentra vulnerable o atraviesa una etapa de la vida en la que sus defensas están más comprometidas