MOOSBURG, Alemania. El núcleo de la economía alemana se apoya en la fabricación y exportación de bienes complejos y de alto valor: autos, locomotoras, maquinaria industrial, aviones y equipos de construcción. Ese modelo, durante años una fuente de fortaleza, hoy enfrenta una presión creciente por parte de China, cuyos productos suelen acercarse a la calidad alemana pero se venden a precios mucho menores
El llamado “shock chino”, como lo describen los economistas, aparece como una de las razones centrales del prolongado estancamiento alemán desde la pandemia. La debilidad económica también erosiona el respaldo al gobierno de Friedrich Merz, en medio de una elección regional en Sajonia-Anhalt en la que la ultraderecha ve una oportunidad para sumar poder
Una economía que pierde impulso
La economía de Alemania, la más grande de Europa, lleva varios años sin despegar. Cayó en 2023 y 2024 y apenas creció 0,2% el año pasado. Aunque el desempleo se mantiene en 4%, por debajo del promedio de la Unión Europea, la sociedad alemana convive con anuncios de recortes en empresas emblemáticas
Volkswagen prevé 50.000 salidas, BMW planea 8.000 retiros voluntarios antes del próximo año y Bosch anunció una reducción de 13.000 puestos hacia 2030. A eso se suma que la inflación avanzó por delante de los salarios tras la pandemia, y que el poder adquisitivo real apenas volvió al nivel de 2019
En Volkswagen admiten que los costos deben bajar en un contexto en el que el mercado chino se achicó 20% y los competidores de ese país aumentan sus exportaciones, elevando la presión sobre Europa
China golpea donde más duele
La economía alemana depende de exportar justo los bienes industriales que Beijing está impulsando con políticas de apoyo. A diferencia de Reino Unido, Italia o Francia, Alemania conserva un peso manufacturero mayor
Y mientras Estados Unidos frena con aranceles buena parte de las importaciones chinas, sobre todo autos, Alemania compra más a China de lo que le vende en rubros como vehículos, trenes, aviones, maquinaria industrial y dispositivos médicos
Para algunos analistas, el diagnóstico es claro: China ya se quedó con buena parte del terreno industrial alemán y ahora avanza sobre lo que queda
La respuesta empresarial: asociarse o reinventarse
Una de las estrategias es unir fuerzas con proveedores chinos. Jungheinrich, fabricante alemán de montacargas y vehículos para depósitos, selló una alianza con EP Equipment para producir AntOn, un modelo de entrada diseñado para competir por precio
La fórmula combina la escala y los menores costos de producción en China con la red comercial global y la reputación de Jungheinrich. El resultado es un equipo más simple, con diseño robusto, menos prestaciones que los modelos alemanes de gama alta y un precio muy inferior
La propuesta apunta a clientes que no necesitan máquinas de uso intensivo las 24 horas. La empresa lo presenta como una oportunidad para captar nuevos mercados en un contexto de avalancha de productos chinos dentro y fuera de Europa
Volkswagen también eligió replegar parte de su estrategia hacia China con el enfoque “en China, para China”, mediante un centro de desarrollo en Hefei pensado para adaptar vehículos al mercado local
El recuerdo del solar sigue presente
En Berlín buscan evitar un desenlace parecido al de la industria solar. Alemania fue pionera en impulsar esa tecnología, pero los paneles chinos más baratos empujaron a varias firmas locales a la quiebra. Hoy, la mayor parte de los paneles que se usan en el país llega desde China
Beijing sostiene a sectores estratégicos con crédito barato, materias primas más accesibles, tierra a bajo costo y, en algunos casos, exigencias de producción local. También pesa que los salarios chinos son menores y que, según economistas, el tipo de cambio se mantiene artificialmente bajo para favorecer las exportaciones
Pero la fortaleza exportadora china no depende solo del respaldo estatal. Sus empresas compiten con dureza en un mercado interno débil, lo que las obliga a recortar costos y acelerar la innovación
Bruselas, el posible árbitro
El gobierno alemán intentó reactivar la economía con un fondo de 500.000 millones de euros para infraestructura y con un paquete fiscal que incluye bajas de impuestos para sectores medios y bajos, además de menos burocracia
Sin embargo, algunos economistas creen que la raíz del problema requiere una respuesta europea. La Comisión Europea ya impuso aranceles selectivos a ciertos bienes chinos, como autos eléctricos y plataformas elevadoras, pero consideran que hace falta una política comercial más firme para equilibrar el terreno
La idea es que Europa no permanezca totalmente abierta si China tampoco lo está para las importaciones extranjeras