La lactancia materna aporta mucho más que nutrientes en las primeras etapas de vida. Un estudio internacional coordinado por científicos españoles sostiene que también puede modular el resistoma del bebé, es decir, el conjunto de genes que permiten a las bacterias resistir a los antibióticos
La investigación, impulsada por el laboratorio MAINBIOTICS del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos del CSIC, concluye que ciertos componentes de la leche humana influyen de forma directa en la presencia de bacterias resistentes en el intestino del lactante
Un efecto más allá de la nutrición
En medicina, la resistencia a los antibióticos es una amenaza de salud pública. Los investigadores recuerdan que estos genes pueden aparecer en las bacterias intestinales del recién nacido desde el nacimiento, incluso sin exposición directa a fármacos durante el embarazo
Según el estudio, la lactancia actúa como un factor regulador: reduce la abundancia y la diversidad de esos genes en una etapa decisiva para la formación de la microbiota
El papel de los oligosacáridos de la leche
La clave estaría en los oligosacáridos de la leche humana, unas moléculas complejas que el bebé no digiere. Al llegar intactas al colon, sirven de alimento para bacterias beneficiosas, como las del género Bifidobacterium
Ese entorno favorece el crecimiento de microorganismos útiles y dificulta la expansión de bacterias portadoras de genes de resistencia. En otras palabras, la leche materna ayuda a ordenar el ecosistema intestinal desde los primeros días de vida
La genética materna también importa
Los resultados señalan además que la composición de estos azúcares depende de la genética de la madre, en particular del llamado estado secretor, regulado por el gen FUT2. Las madres secretoras producen mayores concentraciones de oligosacáridos específicos, como la 2’-fucosilactosa y la 6’-sialilactosa
En esos casos, los bebés tienden a desarrollar comunidades bacterianas beneficiosas que reducen de forma notable los genes de resistencia. Los investigadores explican que la genética materna determina el de glicanos de la leche y, con ello, la formación temprana del resistoma intestinal
Una ventana crítica en los primeros meses
La primera etapa de vida es decisiva para la microbiota. Factores como el tipo de parto o la alimentación dejan una huella duradera, y los nacidos por cesárea suelen mostrar una mayor diversidad de genes de resistencia
El estudio también observó que la leche de madres secretoras atenúa ese impacto y ayuda a regular la colonización bacteriana. Los autores consideran que comprender este proceso puede abrir nuevas vías para estudiar la resistencia antimicrobiana desde el inicio de la vida