BUDAPEST. La derrota electoral de Viktor Orbán, que dejó el poder después de 16 años, modificó las condiciones de trabajo para numerosos periodistas húngaros. Entre ellos está Szabolcs Panyi, quien había abandonado el país tras ser acusado de espionaje y enfrentarse a una denuncia penal

Dos semanas después de las elecciones de abril, la Policía anunció el cierre de la causa contra Panyi. El periodista interpretó la decisión como una señal de que las fuerzas de seguridad y la Fiscalía habían estado sometidas a un fuerte control político

“La presión política desapareció”, afirmó Panyi. Sin embargo, advirtió que la situación todavía no es completamente favorable

Un sistema mediático concentrado

Durante el gobierno de Orbán y de su partido, Fidesz, se consolidó una amplia red de medios alineados con el oficialismo. Un análisis independiente estimó que esa estructura controlaba alrededor del 80% del mercado mediático húngaro

La concentración también se apoyó en la publicidad estatal. Hasta el 90% de esos recursos llegó a medios vinculados con Fidesz, lo que permitió sostenerlos financieramente. Desde el cambio de gobierno, esos ingresos se redujeron y numerosas publicaciones e influencers relacionados con el antiguo oficialismo recortaron sus actividades o cerraron

El nuevo Ejecutivo, de orientación europeísta y de centroderecha, reemplazó a buena parte de la dirección de los medios públicos. Antes de reanudar sus emisiones, la radio y la televisión estatales transmitieron una pantalla negra con un mensaje que reconocía años de falta de independencia

También cambió la composición de la autoridad reguladora. Durante la etapa de Orbán, sus nueve integrantes habían sido propuestos exclusivamente por Fidesz. Ahora, la mitad es designada por el partido gobernante y la otra mitad por la oposición, mientras que la presidencia se define mediante una convocatoria abierta y una elección parlamentaria

El regreso de un diario cerrado

El diario político Népszabadság dejó de circular en octubre de 2016, después de que su empresa propietaria fuera adquirida por un inversor relacionado con el entorno de Orbán. El cierre provocó protestas y sus periodistas lo calificaron como una maniobra política

Diez años después, la publicación volvió a editarse en formato semanal. Gábor Horváth, que regresó como editor adjunto, sostuvo que su reapertura simboliza un posible retorno a una etapa de mayor libertad para la prensa

Persisten límites y reclamos

El cambio político no eliminó todas las restricciones. Algunas solicitudes de información realizadas por periodistas siguen siendo rechazadas o ignoradas, según Panyi, quien atribuyó parte del problema a funcionarios que permanecen en la administración pública desde el período anterior

El Gobierno también recibió críticas por no publicar resúmenes ni agendas de sus reuniones y por cuestionar públicamente a determinados medios independientes. A la vez, tomó medidas para facilitar el acceso de la prensa a los funcionarios

Durante la gestión de Orbán, numerosos medios tenían prohibido cubrir las sesiones del Parlamento y los autorizados debían permanecer en un espacio reducido del edificio. Ahora los periodistas pueden desplazarse por los pasillos y formular preguntas a los representantes

Para Horváth, Hungría atraviesa una etapa de cambio y el periodismo debe recuperar su vínculo con la sociedad. La apertura, sin embargo, todavía convive con estructuras y prácticas heredadas del antiguo poder