Fátima sale del agua con la ropa empapada y la mirada puesta en la otra orilla. Acaba de pasar horas nadando hacia Ceuta y, por vigésima vez, no ha logrado llegar. Tiene 25 años y dice que volverá a intentarlo. "Tengo amigas que viven en España, lo han conseguido y yo también quiero ir. Aquí no hay futuro", cuenta tras regresar a Fnideq, en el norte de Marruecos

Su caso resume el de muchas personas que se concentran estos días en la costa marroquí con la misma idea: cruzar hacia territorio español. Al otro lado, Ceuta ha recibido a más de 2.000 personas en los últimos días, una cifra que equivale a alrededor del 2% de su población y que ha tensionado los dispositivos de acogida y atención

Fnideq, antes del salto al mar

El punto de partida suele ser Fnideq. Allí se mezclan jóvenes llegados de distintas ciudades y pueblos de Marruecos, desde Casablanca, Fez o Marrakech hasta localidades pequeñas del interior. Algunos se camuflan entre los bañistas durante el día; otros esperan la noche o el amanecer para lanzarse al agua

No solo hay hombres jóvenes. También se ven mujeres, menores y familias enteras que prueban suerte junto a sus hijos. Todos comparten una misma apuesta: recorrer a nado varios kilómetros de mar hasta el espigón fronterizo del Tarajal

Volver a intentarlo

Fátima asegura que ya no piensa detenerse. Dice que estuvo seis horas en el agua en uno de sus últimos intentos y que, cuando estaba cerca de Ceuta, fue interceptada y devuelta. Aun así, insiste en que lo probará otra vez. "No me importa el riesgo, volveré", afirma

Como ella, muchos se aferran a relatos de conocidos que sí lograron establecerse en España. Esas historias, sumadas a lo que circula en redes sociales, alimentan la expectativa de una vida mejor al otro lado de la frontera

La presión de la vida diaria

Para Yassin, de 32 años, el problema es económico. Vive al norte de Rabat y trabaja en la planta de Stellantis en Kenitra, pero asegura que su salario apenas le dura unos días. "¿Y cómo vamos a vivir? ¿Qué vamos a dar a los niños? Nosotros también queremos vivir un poco", dice

Su caso refleja otra cara del fenómeno: no solo se trata de encontrar trabajo, sino de poder sostener gastos básicos y dar estabilidad a una familia. Habla de enfermedades, discapacidad y deudas domésticas como parte de una realidad que, asegura, empuja a muchos a marcharse

También él lo intentó. Sabe que el agua fría puede convertirse en una trampa mortal y que salir sin neopreno reduce todavía más las posibilidades de llegar. Aun así, considera que el esfuerzo vale la pena cuando la alternativa es quedarse sin horizonte

Un deseo extendido

Las razones de quienes sueñan con emigrar son diversas, pero en Marruecos predominan las laborales. Una encuesta nacional citada por la OCDE señala que el 60,3% de quienes quieren irse lo hacen por motivos de trabajo. Otro 15,5% menciona estudios o formación, y un 8,2% el coste de la vida

El país cuenta además con más de cinco millones de ciudadanos viviendo en el exterior, cerca del 13% de la población. Entre las causas que empujan a marcharse figuran los salarios bajos, la falta de empleos de calidad y las redes familiares ya instaladas en Europa

Para quienes esperan en Fnideq, sin embargo, todo se reduce a una decisión inmediata: volver a entrar al mar o seguir mirando hacia la otra orilla. Fátima ya eligió. Y, como ella, muchos están dispuestos a repetir el intento hasta lograrlo