“Jamás nos sentimos encerradas”, dice María Gabriela desde el locutorio del Monasterio de la Visitación de Santa María, en Pilar. La reja separa dos mundos: de un lado, las religiosas de clausura; del otro, quienes llegan a visitarlas

Hoy viven allí 16 monjas, entre ellas seis en formación. El ingreso a la vida contemplativa no es inmediato: pasa por etapas, discernimiento y votos temporales antes de la profesión solemne, cuando asumen pobreza, castidad y obediencia

Una rutina que empieza antes del amanecer

La jornada arranca cerca de las 5.20 con oración personal, seguida por los laudes y la misa. Para ellas, rezar no significa desconectarse de la realidad, sino sostenerla desde otro lugar

María Gabriela compara esa misión con un corazón: no se ve, pero mantiene en movimiento al cuerpo. Por eso siguen la actualidad, leen noticias y anotan en un pizarrón países, conflictos y pedidos que luego incorporan a la oración comunitaria

Clausura con puertas que también se abren

La clausura no implica aislamiento total. Algunas hermanas salen para trámites, visitas médicas o situaciones familiares excepcionales. También reciben pedidos de supermercado y verdulería, que llegan hasta el monasterio

La tecnología tiene lugar, aunque con límites. Usan celulares compartidos para la administración y las comunicaciones necesarias. En el último tiempo comenzaron a mostrar los productos que elaboran en estados de WhatsApp y luego sumaron Instagram, con fotos, textos y material histórico preparados por la comunidad y administrados con ayuda externa

Trabajo manual para sostener la comunidad

La vida diaria incluye cocina, limpieza, costura, mermeladas, rosarios y tareas de huerta. Su principal fuente de sustento es la fabricación de hostias, un trabajo que requiere varias etapas y que recientemente las llevó a comprar una nueva máquina con ventas y donaciones

Ese esfuerzo tomó otra escala ante el pedido de un millón de hostias vinculado con eventuales celebraciones por una visita pontificia al país. Para una comunidad pequeña, el encargo modificó por completo la producción habitual

Historias personales antes del hábito

María Gabriela llegó a los 18 años, después de estudiar Odontología, tener novio y una vida social activa en la Ciudad de Buenos Aires. María Fátima creció en Tierra del Fuego, tuvo una adolescencia muy distinta a la imagen que suele asociarse con una monja y llegó a Pilar a los 18 tras pasar por un retiro en silencio

Ambas insisten en que la clausura fue una decisión libre y que ninguna vocación debería sostenerse por obligación. También remarcan que quien ingresa puede descubrir que ese camino no es para ella, y que la propia comunidad puede acompañar esa decisión

Una orden con 150 años en la Argentina

La Visitación fue fundada en 1610 en Francia y llegó a la Argentina en 1876. Este año se cumplen 150 años de su primer monasterio en el país. La comunidad se fue moviendo por Buenos Aires hasta instalarse en Pilar, en 1982, en un predio donado por los Hermanos Maristas

Parte de esa historia permanece en Flores, donde quedaron los restos de unas 95 religiosas. Este año comenzaron las exhumaciones para trasladarlos al cementerio de Pilar

El próximo martes, monseñor Michel Wallace Banach presidirá la misa de apertura del año jubilar en el monasterio. Por su condición de representante pontificio, podrá ingresar al sector de clausura, normalmente reservado a la comunidad