Cuando Lisa Rees empezó a usar un medicamento para bajar de peso, esperaba notar cambios en la balanza. Lo que no imaginaba era otro efecto: beber mucho menos alcohol. Antes podía tomar dos botellas de vino en una noche; ahora, después de un par de copas, siente que ya no puede seguir
Su caso se repite en otras personas que usan fármacos como Wegovy, Mounjaro u Ozempic, todos vinculados a las llamadas terapias GLP-1. Estos medicamentos imitan una hormona natural, reducen el apetito y prolongan la sensación de saciedad. Pero además, según las primeras investigaciones, podrían alterar la respuesta de recompensa del cerebro y bajar el deseo de consumir alcohol o nicotina
Un cambio que aparece rápido
En estudios recientes, algunas personas con trastorno por consumo de alcohol dijeron que sentían menos ganas de beber mientras tomaban estos fármacos. Otras reportaron que el alcohol les provocaba náuseas, pesadez o que se embriagaban más rápido. También hubo participantes que no notaron ninguna diferencia
Warren Thomas, de 45 años, dice que el cambio en su caso fue inmediato. A las 24 horas de su primera dosis, según cuenta, ya no tenía interés en beber. En una salida reciente, asegura que se sintió mareado tras apenas dos cervezas y concluyó que su tolerancia al alcohol se había reducido casi por completo
Menos alcohol, menos calorías
Para algunos pacientes, el efecto fue bien recibido. Lisa pasó de beber entre seis y ocho botellas de vino por semana a menos de la mitad. Asegura que todavía disfruta del vino, pero que después de un par de copas su cuerpo se lo impide
Los médicos consultados sobre el tema señalan que, si el objetivo es perder peso, reducir el alcohol puede ser una ayuda adicional. También recuerdan que las bebidas alcohólicas aportan calorías y que el consumo excesivo sostenido se asocia con daño hepático, hipertensión y mayor riesgo de cáncer
Cuando el cambio complica la vida social
No todos viven esta reducción como una ventaja. Faye Goodwin, de 20 años, afirma que el alcohol pasó a provocarle náuseas y reflujo, y que eso afectó su vida social. Según relata, a veces evita salir si ya se aplicó la inyección ese día o retrasa la dosis cuando prevé una reunión con amigos
En su experiencia, beber dejó de ser una parte normal de los encuentros y pasó a convertirse en una incomodidad. Dice que incluso una sola copa puede resultarle imposible de terminar
¿Pueden servir para tratar adicciones?
Los investigadores creen que la señal es prometedora, pero insuficiente. Hasta ahora, los ensayos se centraron sobre todo en personas con trastorno por consumo de alcohol, no en bebedores ocasionales. Además, se necesitan estudios más amplios y prolongados antes de pensar en una aprobación formal para ese uso
También persisten dudas sobre la seguridad de emplear estos medicamentos en personas sin obesidad ni diabetes para tratar una adicción, así como sobre su acceso y costo. A eso se suman efectos adversos conocidos, como la pancreatitis, que aunque es poco frecuente puede ser grave
Por ahora, la evidencia apunta a una misma dirección: para algunos pacientes, las inyecciones para bajar de peso no solo cambian la relación con la comida, sino también con el alcohol