Liexer De La Cruz regresó a Cuba después de renunciar, el 9 de enero, a continuar su proceso migratorio ante un tribunal federal de Miami. La decisión puso fin a cinco años de esfuerzos para regularizar su situación en Estados Unidos y lo devolvió a una isla afectada por apagones, escasez de agua, falta de combustible y alimentos cada vez más costosos

Su caso refleja la incertidumbre que enfrentan más de medio millón de cubanos que ingresaron a Estados Unidos con el formulario I-220A. Mientras los tribunales determinan si pueden acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, permanece en disputa su posibilidad de acceder a la residencia permanente y, posteriormente, a la ciudadanía

Una decisión tomada en segundos

De La Cruz pensaba que asistiría a una audiencia migratoria de rutina. Sin embargo, dentro de la sala tuvo que elegir entre volver a Cuba o permanecer en Estados Unidos bajo el riesgo de una deportación en cualquier momento

Su esposa y su hermana lo esperaban afuera, pero no pudo consultarlas antes de decidir. Finalmente, optó por regresar a la isla. Tenía 120 días para abandonar Estados Unidos

La pareja había llegado a Texas en agosto de 2021, luego de atravesar casi una docena de países por tierra, mar y autobús. En el sur de Florida, su esposa trabajó como cocinera y De La Cruz obtuvo una certificación como electricista. También viajó a Kentucky y Nebraska por motivos laborales

Sus ingresos le permitían comprar zapatos y otros artículos para sus dos hijas, que permanecían en Cuba. El objetivo familiar era reunirlas con la hija adolescente de su esposa y ofrecerles una vida con acceso más estable a la electricidad, el agua y los alimentos

La hermana y la sobrina de De La Cruz, que habían ingresado a Estados Unidos de una manera similar, consiguieron primero un permiso de permanencia temporal y luego la residencia permanente. Él, en cambio, recibió la orden de abandonar el país

El regreso junto a su esposa

Antes de su partida, algunos amigos le propusieron mudarse a México o Canadá. De La Cruz descartó la idea porque no quería empezar de cero por tercera vez ni prolongar la separación de su familia

También quería visitar la tumba de su madre, quien murió mientras él estaba en Estados Unidos. Su esposa había pensado quedarse para trabajar y apoyarlo económicamente, pero una semana antes del vuelo le informó que viajaría con él en el mismo avión

La pareja se instaló en la vivienda que pertenecía a la madre de De La Cruz, en Las Minas, un poblado situado a unos 30 minutos en automóvil del centro de La Habana

Una trayectoria marcada por la migración

De La Cruz creció en Las Minas entre la pesca, la caza de pájaros y los árboles. A los 16 años cayó de un mango desde una altura aproximada de 15 metros y sufrió una fractura de columna, aunque se recuperó por completo

Estudió reparación de equipos industriales y trabajó en una fábrica de tubos de PVC. Más tarde fue paramédico, una labor que disfrutaba, pero su salario era de apenas 24 dólares mensuales. Por esa razón terminó dedicándose al transporte como taxista

A los 34 años, la insuficiencia de los ingresos, el deterioro de la atención médica y las largas filas para conseguir combustible reforzaron su decisión de emigrar

A finales de 2019, él y su esposa salieron de Cuba. Intentaron establecerse en Surinam, Guyana y Brasil, pero no lograron conseguir empleos estables ni permisos de residencia. En mayo de 2021 iniciaron el recorrido hacia Estados Unidos

El viaje duró tres meses e incluyó el cruce a pie del Tapón del Darién, la selva que separa Colombia y Panamá. Durante la travesía encontraron un esqueleto y el cuerpo de una mujer cubana que había muerto recientemente. De La Cruz recuerda aquella zona como un lugar extremadamente peligroso

La vida cotidiana entre apagones y escasez

Una de las primeras señales de la crisis que encontró al regresar fue la falta de electricidad en el aeropuerto de La Habana. El baño estaba limpio, pero la pintura se desprendía y la iluminación era limitada

La pareja compró un triciclo con panel solar y De La Cruz volvió a trabajar como taxista. La falta de combustible redujo el transporte público y aumentó la dependencia de estos vehículos

Los cortes eléctricos ocurren a diario y con frecuencia duran más de 24 horas. Cuando necesita recargar el triciclo con el panel solar, el proceso puede tardar ocho horas, lo que le hace perder una jornada de trabajo

También transporta gratis a quienes no pueden pagar. La alimentación se convirtió en su principal preocupación por el aumento de los precios, mientras la familia tuvo que comprar tanques para almacenar agua debido a la irregularidad del servicio

De La Cruz teme, además, no volver a ver a su abuela, residente legal en Estados Unidos. Las comunicaciones son esporádicas porque el servicio telefónico en Cuba presenta interrupciones

El regreso frustró su plan de abrir en Estados Unidos un negocio de reparaciones y mantenimiento. En Las Minas encuentra alivio cuidando gallinas y gallos y compartiendo con Zeus, un perro mestizo de cuatro meses

Mientras en Estados Unidos le preocupaba conservar el empleo, en Cuba sus inquietudes abarcan el agua, la electricidad, el combustible, el transporte, el salario y el precio de los alimentos. Para él, la población es la que termina soportando con mayor intensidad el impacto de la crisis