En la despedida de la principal figura mundial del fútbol volvió a aparecer la bandera argentina que reivindica la soberanía sobre las Islas Malvinas. El episodio también llevó a recordar el nombre del país invitado a ese último partido: la República de Benín
Benín puede evocar un antiguo reino africano, una bahía del océano Atlántico, la llamada “puerta sin retorno” y un monumento dedicado a millones de africanos esclavizados. El país se denomina República de Benín desde 1975; antes de su independencia fue conocido como República de Dahomey
El reino detrás del nombre
La historia de los Bronces de Benín se relaciona con un antiguo imperio situado al este del actual Benín, en el territorio de la actual Nigeria. Allí se encontraba el Palacio del Oba, sede del rey de una dinastía tradicional
Crónicas del siglo XV describieron la planificación urbana de Benín City, considerada entonces una de las grandes ciudades del continente. En la actualidad, el sitio está protegido por la Unesco
Entre los siglos XIII y XIX, el reino desarrolló una producción artística de gran complejidad técnica. Sus creadores realizaron tallas en marfil y metal, relieves y placas de bronce que representaban la ascendencia real, las proezas del pueblo, sus creencias y su concepción del universo
El saqueo de 1897
En 1897, una invasión británica destruyó y saqueó el palacio real de Benín City. El patrimonio acumulado durante siglos fue separado: numerosas piezas fueron trasladadas, vendidas y distribuidas entre colecciones y museos de distintos países
Entre los objetos que llegaron al Reino Unido se encuentran piezas exhibidas en el Museo Británico. El saqueo es considerado una de las grandes agresiones contra el patrimonio cultural, religioso e identitario del antiguo reino
Una restitución todavía incompleta
Nigeria continúa reclamando al Reino Unido la devolución de los Bronces de Benín. En 2025, Países Bajos firmó la restitución incondicional de las piezas bajo su posesión. Alemania, Suiza y Bélgica también avanzaron en la misma dirección
El Reino Unido, en cambio, mantiene parte de su patrimonio en virtud de una ley que restringe la devolución de determinados objetos. La disputa conecta la memoria del reino africano con otros reclamos históricos sobre territorios y bienes culturales