Para Tom Corley, la riqueza no depende tanto de un golpe de fortuna como de lo que una persona repite todos los días. El contador y planificador financiero analizó durante cinco años la rutina de 233 personas con altos ingresos y 128 con bajos ingresos, y encontró diferencias marcadas en la manera de usar el tiempo, el dinero y la energía

Las rutinas que más se repiten

Entre los hábitos más comunes en el grupo con mayores recursos aparece el de levantarse muy temprano para leer, entrenar o capacitarse. También se observan jornadas sin pausas largas para almorzar, listas diarias de tareas, metas de largo plazo y una fuerte vigilancia sobre la alimentación y el gasto

Corley también señala que en ese se reduce al mínimo el tiempo dedicado a chismes y a distracciones digitales. En cambio, las horas posteriores al trabajo suelen orientarse a hacer contactos, participar en actividades comunitarias o avanzar en proyectos personales

La disciplina como rasgo central

Según la investigación, cerca del 95% de las acciones diarias funciona en automático, por lo que modificar la rutina sería decisivo para cambiar resultados. Dentro de ese esquema, leer al menos 30 minutos por día con fines de formación aparece como una práctica extendida entre quienes integraron el estudio

Corley destaca además el llamado “dream-setting”, es decir, escribir la vida que se quiere construir a 10 o 15 años y traducir esa visión en objetivos concretos. Para el autor, ese ejercicio ordena decisiones y ayuda a sostener hábitos nuevos hasta que se vuelven automáticos

Más de una fuente de ingreso

La investigación también detectó que una parte importante de los millonarios había construido al menos tres fuentes de ingreso antes de alcanzar su primer millón. Ese dato se vincula con el emprendedor de muchos hispanos en Estados Unidos, donde el desarrollo de negocios propios ocupa un lugar creciente

Corley sostiene que adoptar una nueva costumbre puede llevar entre dos meses y un año, un margen que, en su enfoque, marca el inicio real del cambio. La clave, resume, está en reemplazar hábitos improductivos por conductas repetidas que empujen en la dirección deseada