Los nuevos límites para los préstamos estudiantiles federales comenzaron a modificar la forma en que muchos alumnos financian sus carreras de posgrado en Estados Unidos. Cuando el crédito público no alcanza para cubrir el costo de los programas, los estudiantes recurren cada vez más a entidades privadas
Chloe Frabotta, de 25 años, pidió unos 6.000 dólares en préstamos federales para su primer trimestre de formación como asistente médico en Nueva York. Para cubrir el resto, contrató créditos privados con su madre como codeudora
El sistema federal ofrece condiciones más flexibles, posibles beneficios para quienes trabajan diez años en el servicio público y, en muchos casos, tasas de interés más bajas. Aun así, el aumento de la demanda privada ya se refleja en el sector financiero: SoFi informó que sus nuevos préstamos estudiantiles llegaron a 2.900 millones de dólares en el tercer trimestre, casi el doble que un año antes
Sallie Mae, por su parte, registró un crecimiento interanual del 119% en los préstamos para estudiantes de posgrado
Topes distintos según el tipo de posgrado
La ley conocida como “Big Beautiful Bill” redujo el monto que pueden pedir los nuevos estudiantes de posgrado. Las carreras consideradas profesionales tienen ahora un límite federal de 200.000 dólares, mientras que los demás programas quedan sujetos a un tope de 100.000 dólares
Antes, los estudiantes de posgrado podían solicitar préstamos federales hasta cubrir el costo total de sus carreras. Para los nuevos prestatarios también se estableció un límite acumulado de 257.500 dólares y se restringió el monto que los padres pueden pedir para pagar la educación de sus hijos
Cuando las medidas se apliquen por completo, más de medio millón de prestatarios podrían necesitar unos 20.000 dólares adicionales por año fuera del programa federal. El impacto sería mayor en carreras costosas, como medicina, derecho y odontología, y en estados donde el costo de vida es elevado
El Gobierno sostiene que los límites reducirán el endeudamiento excesivo y obligarán a las instituciones a revisar sus costos. Desde que comenzaron a regir, al menos 40 universidades redujeron el precio de algunos programas
Sus críticos advierten, sin embargo, que muchas instituciones no tienen margen para bajar las matrículas y que las nuevas reglas pueden dificultar especialmente el acceso de estudiantes de familias con menos recursos
Las universidades intentan cubrir la diferencia
Algunas instituciones y prestamistas educativos comenzaron a ofrecer alternativas. En South Carolina Student Loan, el endeudamiento de estudiantes de posgrado aumentó un 400% este año después de la incorporación de nuevas opciones
La Facultad de Derecho de la Universidad de Kansas también empezó a otorgar préstamos. Hasta ahora aprobó ocho y mantiene otros en trámite. En Lewis & Clark College, en Portland, la oficina de ayuda financiera detectó un aumento de los créditos privados y su escuela de educación y orientación creó una beca para alumnos con necesidades económicas
La Universidad de Mount Saint Vincent, en el Bronx, también observó un mayor uso de préstamos privados entre sus estudiantes de primer año, incluso después de aumentar la ayuda para quienes tienen dificultades financieras
El mercado privado ya había crecido durante los años noventa y principios de los 2000, cuando existían límites para los préstamos. Luego, el programa Graduate PLUS permitió financiar hasta el costo total de asistencia y el crédito privado perdió fuerza. Sus críticos sostienen que aquel programa también contribuyó a niveles elevados de incumplimiento porque algunos alumnos asumieron deudas que no podían devolver
Reglas cambiantes y decisiones de último momento
La definición de qué carreras serían consideradas profesionales estuvo en disputa hasta pocos días antes de la entrada en vigor de las nuevas reglas. Finalmente, los estudiantes de enfermería, fisioterapia y otras áreas pudieron acceder, al menos por ahora, a límites federales más altos después de que un juez bloqueara parte de la normativa
La demora complicó las actualizaciones de los sistemas utilizados para procesar los préstamos y retrasó la entrega de paquetes de ayuda financiera en varias universidades. En Weill Cornell Medicine, decenas de estudiantes y familiares llamaron para pedir explicaciones
El programa de asistente médico de Frabotta fue clasificado finalmente como profesional, por lo que podía acceder a hasta 50.000 dólares anuales en préstamos federales. Aun así, decidió pedir solo una parte por temor a que las reglas volvieran a cambiar
Madison Jessen, estudiante de primer año del mismo campo, utilizó la mayor parte de sus ahorros para pagar el primer semestre. También contó que algunos jóvenes que pensaban estudiar esa carrera cambiaron de plan después de la entrada en vigor de los límites
La preocupación de varias universidades es que las carreras terminen quedando reservadas para quienes puedan pagarlas con ayuda familiar. Frabotta, que antes obtuvo una licenciatura y trabajó como asistente médica en una clínica dermatológica, mantiene su objetivo profesional pese a la incertidumbre financiera