Marta Beatriz Echaul tiene 100 años y mantiene una rutina que empieza temprano y no se detiene. Se levanta a las ocho, lee las noticias y cerca del mediodía sale desde Retiro rumbo a su empresa en Pompeya

Una vida para moverse

Para ella, la clave no está en un secreto milagroso sino en la actitud. Sostiene que lo importante es vivir y no limitarse a subsistir. También asegura que, pese a su edad, conserva la vista y la energía para sostener su actividad diaria

Su vínculo con el auto ocupa un lugar central. Recomienda a otras mujeres no venderlo porque lo entiende como una forma de independencia. Dice que renueva su licencia todos los años, que se siente segura al conducir y que no se deja intimidar por los choferes de colectivos. En su mirada, el vehículo es casi una extensión del cuerpo

Hábitos simples, sin reglas rígidas

Consultada por su alimentación y sus costumbres, resume su respuesta en una frase: no fue al gimnasio, no camina y come de todo. También aclara que quedó viuda hace muchos años, pero que sigue llevando su vida a su manera

Sobre su entorno más cercano, cuenta que son pocos, pero muy unidos. Su círculo familiar está integrado por su hija y un nieto. En cuanto a sus amistades, explica que sigue reuniéndose a comer con varios matrimonios amigos, incluso cuando algunos enfrentan problemas de salud o movilidad

La mirada de quienes la rodean

Luis, encargado del edificio donde vive, la define como una jefa estricta. Dice que suele marcarle cuando algo está sucio o desordenado y recuerda que una vez lo retó en la escalera porque subía demasiado despacio. Entre risas, la describe como alguien que ya dejó atrás la vejez entendida en términos convencionales

Antes de cerrar su testimonio, Marta volvió sobre la idea que guía su vida: además de la salud, el trabajo ocupa un lugar esencial. No toma medicamentos y asegura que su mayor balance es haber vivido plenamente. Para ella, esa es la verdadera medida de una vida bien vivida