Mel Robbins volvió a poner el foco en uno de los conflictos más habituales en la vida adulta: la frustración de querer que los padres sean distintos

En una participación reciente en su podcast, la experta en desarrollo personal aseguró que el desafío no pasa por modificar al otro, sino por ajustar las expectativas propias y aprender a vincularse desde la aceptación

La clave está en dejar de esperar un cambio

“La gente es quien es y tenés que aprender a amarlas por quienes son, no por quienes deseas que sean”, planteó Robbins al describir cómo suelen trabarse estas relaciones cuando persiste la idea de corregir a la otra persona

Según su mirada, con el paso del tiempo las personas tienden a volverse más rígidas. Por eso, advirtió, muchas veces las expectativas de transformación sobre los padres terminan chocando con una realidad difícil de mover

También señaló que, en muchos casos, los padres no buscan revisar su historia personal ni iniciar un proceso de cambio: los rasgos que preocupan a sus hijos adultos, dijo, probablemente están presentes desde hace años y no van a modificarse por presión externa

Mirar la historia familiar con más compasión

Robbins propuso entonces una forma distinta de entender ese vínculo: asumir que cada padre dio lo que pudo según su propia experiencia de vida. Para ella, esa idea puede ayudar a construir más aceptación y menos enojo

La especialista sostuvo además que, aunque el otro no cambie, sí puede cambiar la relación si uno modifica la manera de presentarse en ese vínculo. En su experiencia, cuando cambia la propia actitud, a veces la respuesta del entorno también mejora