Jorge Williams, recordado en Palermo por su figura elegante, sus atuendos llamativos y su trato cordial, murió a los 84 años. Había pasado más de siete décadas dedicado a la sastrería y convirtió su oficio en una forma de expresión personal

Un estilo que no pasaba inadvertido

Al caminar por el barrio, solía llamar la atención de vecinos y curiosos. Vestía prendas de creación propia, con colores intensos, estampas poco usuales y detalles que lo volvieron una presencia inconfundible. En cada elección defendía la misma idea: la ropa también podía ser una obra de arte

Una de sus imágenes más recordadas era la de ir a votar con prendas inspiradas en los colores de la bandera argentina. Ese gesto, repetido en distintas elecciones, multiplicó su reconocimiento y lo convirtió en una figura muy comentada en redes sociales

Una vida entre telas, costuras y oficio

Nacido en Trelew, Chubut, el 6 de enero de 1942, empezó a trabajar de chico en una sastrería y aprendió el oficio casi sin darse cuenta, entre mandados, limpieza, mate y radio. A los 15 años ya hacía diseños propios y poco después se convirtió en maestro sastre

En la década del 60 abrió su propio local en la Patagonia. Más tarde, tras una estafa que lo obligó a empezar de nuevo, se instaló en Buenos Aires y siguió trabajando junto a Sandra Paiz, con quien compartió taller durante años

La máquina, los trajes y la memoria

En su local conservaba cientos de prendas de diseño propio: sacos con estampas animales, piezas hechas con retazos, corbatas y etiquetas, y modelos inspirados en figuras populares o en motivos navideños. No las vendía: las reservaba para sí mismo

También participó en publicidades, cortos y películas. En 2010 sufrió un ACV y en 2021 tuvo otro, pero siguió ligado a su trabajo. Para quienes lo conocieron, Williams encarnó una forma de la elegancia que ya casi no se ve: la del oficio hecho con pasión, humor y carácter

Entre sus deseos pendientes estaba vestir a Lionel Messi con un traje especial de colores argentinos. Hasta el final, siguió defendiendo la misma consigna que repetía a los más jóvenes: elegir un trabajo que dé alegría