Los colores y las camisetas con el número 77 de Carson Hocevar dominaron las tribunas del Kansas Speedway. La escena ocurrió pocos días después del enfrentamiento que el piloto protagonizó con Ryan Blaney en Bristol

En las últimas vueltas de aquella carrera, ambos autos se tocaron. Blaney terminó contra el muro, quedó fuera de competencia y complicó sus posibilidades en la lucha por el título. Tras finalizar tercero, Hocevar llegó a la calle de boxes, donde Blaney lo esperaba

El intercambio terminó a golpes y Hocevar salió mejor parado, mientras Blaney quedó con un moretón debajo del ojo derecho. Parte del público que permaneció en el circuito para celebrar la victoria de Joey Logano reaccionó con entusiasmo ante la pelea

La respuesta de NASCAR fue llamativa: no hubo multas ni penalizaciones. La organización aclaró que no pretende promover las peleas, pero sí entiende que la pasión forma parte del espectáculo

Una categoría más cercana a su identidad original

La decisión recordó la antigua consigna de permitir que los pilotos resolvieran sus rivalidades dentro de los límites del espectáculo. También evocó épocas como la pelea entre Cale Yarborough y los hermanos Donnie y Bobby Allison en la Daytona 500 de 1979

El episodio de Bristol coincidió con una tendencia más amplia. NASCAR busca recuperar elementos de su pasado, después de décadas en las que intentó proyectar una imagen corporativa más pulida y expandirse hacia circuitos construidos lejos de sus tradicionales escenarios del sur de Estados Unidos

Joey Logano consideró que la categoría atraviesa un momento de mayor conexión con el orgullo estadounidense, los autos modificados y una cultura más asociada al trabajo manual y a las comunidades locales

El regreso de los circuitos históricos

North Wilkesboro, en Carolina del Norte, representa uno de los principales símbolos de ese retorno. El circuito abrió en 1947, cerca del nacimiento de NASCAR, y recibió carreras de la Cup Series hasta 1996. Luego permaneció inactivo durante décadas

En los últimos años volvió a ocupar un lugar en el calendario. Allí se disputó la carrera All-Star entre 2023 y 2025, y Logano ganó en julio la competencia regular que marcó el regreso de la categoría

La recuperación también alcanzó al Clash. La competencia, que durante años se disputó antes de la Daytona 500, fue trasladada al Los Angeles Coliseum en 2022. La experiencia perdió atractivo rápidamente y luego la carrera pasó por el Bowman Gray Stadium, en Carolina del Norte. En febrero regresará a Daytona

Chris Buescher señaló que, aunque los pilotos llegaron al máximo nivel del automovilismo, la mayoría comenzó en circuitos cortos. Esa formación sigue siendo una parte esencial de la identidad de la categoría

Más tierra y menos distancia con las raíces

Las carreras sobre tierra también recuperaron protagonismo. Durante décadas funcionaron como escuela para pilotos como Dale Earnhardt, cuyo primer auto de competición fue un Ford Victoria de 1956 utilizado en circuitos de Carolina del Norte

En los años 90, Clint Bowyer llamó la atención de los equipos de NASCAR compitiendo en pistas de tierra como Lakeside Speedway, ubicada cerca de Kansas Speedway

El expiloto Tony Stewart compró Eldora Speedway, en Ohio, y reforzó su apoyo al automovilismo de base. Hocevar también compitió este verano en autos de tierra, aunque tuvo dificultades frente a pilotos con experiencia diaria en esa disciplina

Su equipo de la Cup Series, Spire Motorsports, amplió además su actividad en los modelos de tierra. La escudería armó un equipo de tiempo completo y contrató a Nick Hoffman, uno de los referentes de la especialidad, para la próxima temporada

Una nueva forma de convivir con las polémicas

El enfrentamiento de Bristol incluyó insultos transmitidos por las radios de los equipos. NASCAR no aprueba ese lenguaje, pero tampoco está aplicando castigos por cada exabrupto

Al comienzo de los playoffs, la organización presentó un “frasco virtual de insultos”. Por cada palabra ofensiva emitida durante una carrera se suman cinco dólares, y los aficionados que acierten la cantidad total pueden quedarse con el premio

Después de la carrera de Kansas, el conteo llegó a 776 insultos, equivalentes a un pozo de 3.880 dólares

La iniciativa contrasta con la postura de 2004, cuando Dale Earnhardt Jr. recibió una multa de 10.000 dólares y perdió 25 puntos por insultar en la zona de celebración de Talladega

La categoría intenta ahora equilibrar dos facetas: el alto nivel técnico y profesional de sus equipos, y el costado más espontáneo y entretenido que históricamente la vinculó con los circuitos pequeños, la tierra y las rivalidades entre pilotos