Natalia Lobo asegura que ya no es la misma persona que años atrás. Después de atravesar una separación, revisar viejas heridas familiares y superar un cáncer de colon, encontró una etapa de mayor calma y conexión personal

Su proceso de transformación comenzó a profundizarse tras la ruptura, en 2023, con Ariel Polaco, instructor de yoga con quien se había casado en 2022 luego de seis años de relación. El duelo la llevó a explorar nuevas herramientas y a preguntarse por un sentimiento de abandono que arrastraba desde la infancia

El reencuentro con su padre biológico

Jorge Sarraute, su padre biológico, se había exiliado cuando Natalia era muy pequeña. Durante años hubo distancia, silencios y una relación prácticamente interrumpida. A los 18 años, ella intentó enfrentarlo, pero aquel acercamiento terminó profundizando el conflicto

Tras su separación, Natalia comprendió que el dolor excedía la ruptura y decidió trabajar de manera más profunda sobre esa herida. Recurrió a terapia, constelaciones familiares y retiros. En 2023 viajó a Perú para participar de una experiencia de limpieza energética y, mientras pensaba en su padre, recibió un mensaje inesperado de él

Al año siguiente se encontraron en Barcelona, el día del cumpleaños de Natalia. Su hermana la esperaba con una torta y Jorge estaba allí. Aunque notó su incomodidad, ella vivió el momento con alegría. Desde entonces, el vínculo cambió: volvió a visitarlo y también viajó en mayo para acompañarlo por su cumpleaños número 80. Actualmente forman parte de un chat familiar y mantienen contacto frecuente

Una nueva manera de entender el amor

La separación también modificó su mirada sobre las relaciones. Natalia sostiene que ya no está dispuesta a resignar sus espacios y que prefiere que cada integrante de la pareja conserve su propia casa y sus rutinas

Desde hace un año está en pareja con José Rivas, un hombre vinculado al campo y antiguo jugador de polo. Se conocieron como vecinos, sin saberlo, en el campo familiar de Natalia en Baradero. Primero construyeron una amistad y seis meses después comenzaron a salir

Rivas continúa trabajando con caballos y pasa gran parte del tiempo en Baradero. Natalia destaca su serenidad, su vínculo con la naturaleza y la buena relación que mantiene con su familia. También cuenta que él se lleva bien con Inti, su hijo

La actriz describe esta relación como un amor más tranquilo. Disfruta pasar algunos días sola, extrañarse y encontrarse sin abandonar su independencia. Para ella, esa dinámica les permite compartir desde un lugar más maduro y menos reactivo

Del escenario al acompañamiento personal

Después de vencer un cáncer de colon en 2019, Natalia comenzó a enfocarse en un estilo de vida más saludable. Más tarde estudió coaching y obtuvo una certificación, mientras desarrollaba una nueva faceta como organizadora de experiencias vinculadas con el bienestar

Actualmente participa en Eco, Bienestar que se propaga, un espacio dedicado a encuentros de silencio, yoga y meditación. Allí acompaña a personas que atraviesan procesos de transformación y trabaja sobre aspectos emocionales, mentales y energéticos

Por ahora, no planea regresar a la actuación. Dice sentirse feliz con el camino que eligió y asegura que no extraña su profesión anterior. Tampoco suele proyectar demasiado el futuro: prefiere concentrarse en un presente que, según afirma, le gusta tal como es