A fines de septiembre de 1966, Héctor Ricardo García recibió una propuesta inesperada: realizar una cobertura periodística sobre una operación cuyo objetivo todavía no podía conocer. Cuando intentó ofrecer a otro periodista para la misión, obtuvo una respuesta tajante: “Usted o nadie”

El encargado de convocarlo fue Dardo Manuel Cabo, un joven metalúrgico de 25 años. La noche del 27 de septiembre le indicó que debía presentarse a medianoche en Aeroparque para emprender un viaje de dos días hacia el sur

García llegó poco antes de las 12 y recibió de Cabo el pasaje del vuelo 648 de Aerolíneas Argentinas. El Douglas DC-4 despegó a las 00.31 con destino a Río Gallegos y Ushuaia. El periodista todavía desconocía que terminaría siendo testigo de una acción armada

El desvío del vuelo 648

A las 6.08, cuando el avión sobrevolaba San Julián, dos integrantes del grupo ingresaron a la cabina y exigieron al comandante Fernández García que modificara la ruta. El piloto creyó inicialmente que se trataba de una broma, pero cambió de opinión cuando uno de los jóvenes exhibió un arma

La aeronave llevaba seis tripulantes y 42 pasajeros, entre ellos los 18 integrantes del grupo. Desde ese momento, el vuelo quedó oficialmente secuestrado y tomó rumbo hacia las islas Malvinas

La operación había sido organizada por militantes vinculados al peronismo y pertenecientes al Movimiento de la Nueva Argentina. Sus integrantes buscaban producir un impacto político y simbólico que instalara en el escenario internacional el reclamo argentino sobre el archipiélago. Ellos mismos bautizaron la acción como Operativo Cóndor

El aterrizaje en Puerto Stanley

A las 9.57 del 28 de septiembre, el avión aterrizó en una pista destinada a carreras cuadreras, en el centro de Puerto Stanley. El terreno, formado por turba y barro, no estaba preparado para recibir una nave de ese tamaño y una de las ruedas del DC-4 quedó enterrada

El grupo había pensado aterrizar cerca de la residencia del gobernador británico para tomarlo como rehén, pero el clima obligó a modificar el plan. Poco después del descenso, los jóvenes colocaron siete banderas argentinas en las inmediaciones. Una fue izada en un mástil improvisado y permaneció allí durante aproximadamente 36 horas

Los habitantes se acercaron a la zona por curiosidad y recibieron panfletos redactados en inglés, en los que se explicaban los motivos de la expedición. Siete personas fueron tomadas como rehenes. Además, los integrantes del operativo rebautizaron Puerto Stanley como Puerto Rivero, en homenaje a Antonio Rivero

Cabo y María Cristina Verrier, de 27 años, viajaron hasta la casa del gobernador en un jeep conducido por un poblador de origen chileno. El gobernador oficial, Cosme Asckard, se encontraba en Inglaterra, por lo que fueron recibidos por el gobernador interino, Leslie Gleadel

Allí afirmaron que habían llegado como argentinos para quedarse porque consideraban esa tierra propia. La respuesta fue una orden de abandonar el lugar

El avión quedó rodeado por unos 100 hombres armados, entre infantes, policías y pobladores. Bajo el frío y la lluvia, las fuerzas locales vigilaban la aeronave con reflectores mientras los jóvenes permanecían en su interior con escasos víveres

Entre los pasajeros se encontraba el entonces gobernador de Tierra del Fuego, el almirante José María Guzmán. Aunque tenía jurisdicción simbólica sobre las islas, no respaldó la acción y cuestionó la conducta de los integrantes del comando

La mediación y el arriado de las banderas

Durante la tarde del 28 de septiembre, el sacerdote católico Rodolfo Roel comenzó a mediar entre los ocupantes del avión y las autoridades isleñas. Como primer acuerdo, los pasajeros fueron liberados y alojados en casas de distintos pobladores

En la aeronave quedaron los 18 integrantes del grupo y siete rehenes. En la madrugada del 29, recibieron un mensaje del gobernador: estaban completamente cercados y las fuerzas locales tenían orden de disparar si intentaban salir

Esa tarde, Roel regresó al avión y les pidió que depusieran las armas. Los jóvenes aceptaron con la condición de ser alojados en la iglesia. Tras la entrega de las armas, arriaron las siete banderas. Frente a los pobladores, entonaron el Himno Nacional Argentino y luego fueron trasladados a las dependencias religiosas

García vivió una situación distinta. Mientras recorría Puerto Argentino y tomaba fotografías, fue detenido por un policía y un soldado. En la comisaría, el jefe policial lo golpeó y ordenó que pasara allí la noche. Según su relato, solo recibió un café con leche como alimento

El regreso al continente

El periodista fue liberado a las 8 de la mañana del sábado 1 de octubre y llevado a la iglesia junto con los integrantes del operativo. Esa misma tarde, los jóvenes iniciaron el regreso obligado al continente

Primero fueron trasladados en una lancha carbonera hasta el ARA Bahía Buen Suceso, que los llevaría a Ushuaia. También viajaron con ellos los pasajeros del vuelo 648, aunque parte de la tripulación permaneció en las islas para recuperar el avión, que seguía atascado en la pista

Antes del embarque, el gobernador interino exigió que las banderas quedaran en Malvinas. Con la intervención del sacerdote Roel, los jóvenes aceptaron entregárselas al almirante Guzmán. Cabo realizó la entrega de manera protocolar y señaló que una de ellas había flameado durante 36 horas en las islas y que bajo su amparo se había cantado el Himno Nacional

El 3 de octubre, durante la madrugada, los protagonistas llegaron a Ushuaia y quedaron detenidos a disposición de la Justicia. Durante sus declaraciones, repitieron ante las preguntas del juez: “Yo fui a Malvinas a reafirmar nuestra soberanía”

Las condenas y el final de la expedición

En noviembre de 1966, los integrantes del comando fueron condenados por privación ilegítima de la libertad mediante violencia o amenazas, además de tenencia y empleo de armas de guerra

La mayoría recuperó la libertad después de nueve meses de proceso. Dardo Cabo, Alejandro Giovenco y Juan Carlos Rodríguez permanecieron tres años en prisión debido a sus antecedentes

García también fue interrogado por el juez, pero sostuvo que había viajado únicamente para cubrir la operación. Finalmente recuperó su libertad, mientras los integrantes del Operativo Cóndor permanecieron detenidos en Ushuaia