Soy una terapeuta que escribe sobre trucos domésticos para personas desordenadas. Cuando muestro mi casa, donde la ropa limpia a veces termina en cestos sin doblar y un gran contenedor con ruedas recorre la cocina, las críticas aparecen de inmediato. Pero en privado sucede otra cosa: muchas personas me cuentan que sentirse comprendidas les cambió la vida
Durante años creí que una casa adulta y exitosa debía parecerse a esas imágenes impecables de interiores luminosos, con camas hechas, objetos guardados en recipientes etiquetados y ninguna pila a la vista. Mi hogar nunca se pareció a eso. Hasta que asumí algo que me alivió por completo: soy una persona desordenada, y eso no me convierte en alguien menos valioso
El desorden no es un defecto moral
La cultura suele tratar el desorden como una falla de carácter, asociándolo con la pereza o con la falta de disciplina. Pero esa idea es demasiado simple. No todos funcionamos igual, y no todo orden visible es sinónimo de bienestar. A veces, la energía que exige sostener una casa perfecta es mayor que la que demanda convivir con cierto nivel de caos
Además, el desorden puede convivir con otras capacidades muy valiosas. Hay personas cuya mente destaca por producir, crear o resolver de maneras poco convencionales, aunque después esa misma mente deje objetos dispersos, mesas ocupadas y espacios que no responden al ideal estético dominante
La ciencia también matiza el estereotipo
En personas con TDAH, por ejemplo, el área del cerebro ligada a la función ejecutiva puede operar de forma distinta. Eso afecta la gestión del tiempo, el cambio de enfoque, la memoria y las prioridades. Al mismo tiempo, algunas investigaciones asocian ese funcionamiento con pensamiento divergente y mayor creatividad
Un estudio de la Universidad de Minnesota también puso en duda la idea de que un entorno desordenado perjudica necesariamente la creatividad. En esa prueba, estudiantes trabajaron en oficinas ordenadas y desordenadas mientras imaginaban nuevos usos para pelotitas de ping-pong
Quienes estaban en la sala desordenada generaron tantas ideas como el resto, y sus propuestas fueron evaluadas como más creativas por jueces independientes
Sistemas útiles para cerebros desordenados
La clave no es romantizar el caos, sino diseñar soluciones que funcionen para cada persona. Se puede vivir de manera cómoda, segura y funcional sin forzarse a imitar el orden de otros. En mi caso, dejar algo en su sitio no siempre es automático: si lo guardo, después puede desaparecer de mi memoria
Por eso, en lugar de intentar convertir mi casa en una versión perfecta de limpieza permanente, opté por sistemas simples. Cada habitación tiene una papelera, un cesto para la ropa sucia y un recipiente para objetos que pertenecen a otro ambiente. Cuando un espacio se vuelve demasiado desordenado, dedico unos minutos a reacomodarlo y sigo con el día
También renuncié a un armario de manualidades impecable y elegí estanterías rodantes abiertas, que me permiten guardar materiales sin bloquear el uso de la mesa del comedor. Lo importante no es que todo luzca perfecto, sino que la casa siga siendo habitable
Funcionalidad antes que apariencia
No me preocupa tanto que haya platos sin lavar durante un tiempo, mientras no tengan restos que generen mal olor o atraigan plagas. Tampoco me obsesiona que la ropa esté doblada con precisión; me importa más encontrar lo que necesito cuando lo necesito
Cuando dejé de gastar toda mi energía intentando dejar de ser quien era, encontré la creatividad necesaria para construir rutinas más útiles. Aceptar mi desorden no hizo que las tareas domésticas fueran más difíciles. Las volvió más simples
KC Davis es terapeuta en Texas y autora de Cómo mantener la casa mientras se ahoga