Ver a un gato beber directamente de la canilla, incluso cuando tiene un cuenco con agua cerca, es una escena frecuente en muchos hogares. Lejos de tratarse de un simple capricho, especialistas en comportamiento animal lo vinculan con instintos que siguen presentes en la especie

El agua en movimiento les resulta más confiable

La explicación principal apunta a la supervivencia. En la naturaleza, el agua quieta tiene más chances de estar contaminada, por lo que muchos gatos asocian el movimiento con mayor frescura y seguridad

También influye el atractivo sensorial: el sonido del chorro y los reflejos del agua en movimiento captan mejor su atención que un recipiente silencioso

A eso se suma otro factor físico. Los platos hondos o angostos pueden generarles incomodidad porque sus bigotes rozan los bordes, algo que algunos especialistas describen como fatiga de bigotes

Una conducta con base instintiva

La preferencia por la canilla no sería, entonces, una rareza sino una respuesta aprendida a partir de comportamientos que ayudaron a sus antepasados a adaptarse mejor al entorno

Además, estudios sobre consumo felino analizan cómo el agua en movimiento puede incrementar tanto el interés como la cantidad que beben

Por qué también rascan los muebles

Otra conducta habitual en los gatos es rascar superficies de la casa, incluso cuando tienen un rascador disponible. Esta acción cumple varias funciones: les permite marcar territorio con señales visuales y químicas, además de ayudarles a sentirse seguros

El rascado también tiene un rol físico. Les sirve para desprender las capas externas desgastadas de las uñas y para estirar músculos de la columna, los hombros y las patas

Los cambios en la rutina o en el ambiente pueden intensificar esa conducta, mientras que los retos o castigos suelen aumentar el estrés y la inseguridad del animal