Eliminar todas las grasas de la alimentación no es una buena estrategia. Más allá de la cantidad, importa el tipo de grasa que se consume y el equilibrio general de la dieta
Las grasas saludables cumplen funciones importantes en el organismo: aportan energía y ayudan a absorber vitaminas esenciales como la A, D, E y K. Por eso, su presencia en la alimentación diaria sigue siendo necesaria, tanto en etapas de aumento de masa corporal como en planes para bajar de peso
Elegir grasas que sí aporten
Las grasas insaturadas son una de las mejores opciones porque el cuerpo no las produce por sí solo. Están presentes en vegetales, aceite de oliva, pescados como salmón, atún y sardinas, además de frutos secos y semillas
Incorporarlas en porciones adecuadas puede ayudar a sostener una dieta más completa sin caer en excesos
Las grasas trans, el tipo que conviene limitar
En el otro extremo están las grasas trans, asociadas con daños para la salud cardiovascular y con un mayor riesgo de obesidad. Su consumo debe restringirse al máximo
Este tipo de grasas aparece con frecuencia en productos ultraprocesados como repostería, galletas, hamburguesas, pollo frito, pizzas, snacks, palomitas empaquetadas y dulces industrializados
La recomendación general es simple: no se trata de evitar todas las grasas, sino de reconocer cuáles benefician al organismo y cuáles conviene dejar fuera de la dieta cotidiana