Durante el embarazo, varias molestias pueden parecer normales, pero algunas requieren vigilancia inmediata. La preeclampsia es una de ellas: una complicación que suele presentarse después de la semana 20 y que está asociada al aumento de la presión arterial

Esta condición puede afectar órganos importantes de la gestante, como los riñones, el hígado y el cerebro. En sus primeras etapas, además, puede avanzar sin señales evidentes, por lo que el control prenatal resulta clave para detectarla a tiempo

Un riesgo que no siempre avisa

El monitoreo médico permite revisar la presión arterial, realizar análisis clínicos y evaluar el crecimiento del bebé. Esa vigilancia ayuda a identificar cambios que la madre no siempre percibe por sí sola

El seguimiento debe ser constante, especialmente cuando existen factores que aumentan la posibilidad de desarrollar esta complicación. Entre ellos figuran la obesidad, el sobrepeso, la hipertensión arterial, la diabetes, las enfermedades renales y los antecedentes de preeclampsia

También requieren mayor atención las mujeres que esperan más de un bebé, las menores de 18 años, las mayores de 35 y quienes atraviesan su primer embarazo

Señales que no deben ignorarse

Algunos cambios repentinos durante la gestación pueden ser motivo de alarma. Ante cualquier malestar inusual o alteración que aparezca de forma brusca, la gestante debe acudir a un centro de salud para una evaluación

La atención oportuna permite determinar la causa del problema y definir las medidas necesarias para continuar con un embarazo seguro

Prevención con controles prenatales

La mejor herramienta frente a la preeclampsia es la prevención. Los controles periódicos durante toda la gestación permiten detectar variaciones en la presión, revisar el estado general de la madre y seguir de cerca el desarrollo fetal

También ayudan a reducir riesgos una alimentación equilibrada, el control de enfermedades previas y el cumplimiento de las indicaciones médicas

Reconocer los factores de riesgo y no minimizar los cambios del cuerpo puede marcar la diferencia para la salud de la madre y del bebé