Los taxis autónomos todavía no tienen un camino despejado para circular en Colombia. Según Mark Bitton, gerente general de Yango en el país, su llegada dependerá antes de dos condiciones: un marco regulatorio claro para las plataformas de movilidad y una cultura vial capaz de convivir con conductores, motociclistas y peatones
La tecnología ya existe y se prueba en distintas ciudades del mundo, pero su adopción no depende solo de contar con vehículos equipados con sensores, cámaras e inteligencia artificial. En Colombia, el punto de partida sigue siendo legal: faltan definiciones sobre cómo operarían los servicios de transporte tecnológico y qué responsabilidades asumiría cada actor ante un incidente
La norma, el primer paso
Bitton sostuvo que aún es prematuro hablar de fechas para la llegada de taxis autónomos mientras persistan vacíos regulatorios. Antes de poner vehículos sin conductor en circulación, dijo, deben establecerse condiciones de operación, controles de seguridad, mecanismos de supervisión y criterios para autorizar pruebas o servicio comercial
La discusión no involucra solo a las aplicaciones de transporte. También alcanza a las autoridades de tránsito, las aseguradoras y los usuarios. Un automóvil autónomo necesita mapas actualizados, conexión digital constante, lectura precisa de señales y capacidad para reaccionar ante imprevistos en la vía
Además, el avance de esta tecnología abre preguntas sobre el manejo de datos. Las plataformas recogen información sobre rutas, horarios, puntos de recogida, vehículos y usuarios, por lo que cualquier paso hacia la automatización deberá contemplar cómo se almacenan, verifican y protegen esos registros
El reto de convivir en la vía
El otro obstáculo es cultural. Un vehículo autónomo obedece reglas precisas: avanza con verde, reduce con amarillo y se detiene con rojo. El problema aparece cuando otros actores de la vía no respetan esas normas
Un conductor que cruza en rojo, un motociclista que ejecuta una maniobra inesperada o un peatón que atraviesa fuera de la zona permitida pueden alterar el cálculo de un sistema automatizado. Aunque estos autos usan sensores y programas para detectar obstáculos, no cuentan con criterio humano para anticipar todas las conductas imprudentes
Bitton advirtió que esa diferencia podría aumentar el riesgo de accidentes en entornos donde las reglas viales no se cumplen con frecuencia. También señaló que la infraestructura importa: calles, semáforos y señalización deben permitir una lectura precisa del entorno, aunque eso no basta si no existe un comportamiento previsible entre quienes comparten el espacio público
Verificación antes del viaje
Mientras se discute el futuro de la movilidad autónoma, las plataformas de transporte mantienen recomendaciones de seguridad para pasajeros y conductores. Una de las principales es evitar los servicios tomados directamente en la calle, porque allí se pierde la información previa que ofrecen las aplicaciones
Antes de subir, el usuario debe verificar que coincidan el vehículo, las placas, el color y la fotografía del conductor. Esa trazabilidad ayuda si surge una situación de riesgo o si hace falta identificar a alguna de las partes. Del mismo modo, el conductor debe cancelar el servicio si la persona que llega al punto de recogida no corresponde con la descripción mostrada en la app
Los taxis autónomos exigirán respuestas adicionales a esas mismas preguntas: quién controla el vehículo, cómo se reportan los incidentes y qué sistemas protegen al pasajero. Por ahora, el ritmo de esa transición depende de la regulación y de la cultura vial del país