Silvia, conocida como Reina, y Francisco, a quien llaman Paco, llevan tres años viajando en un motorhome. Aunque no viven de manera permanente en el vehículo, ya recorrieron 83.000 kilómetros por distintos puntos de Latinoamérica

Un proyecto que nació durante la pandemia

La idea apareció durante las restricciones por el coronavirus. Buscaban viajar con mayor autonomía y reducir la exposición, mientras Reina intentaba concretar un deseo vinculado con su jubilación

La pareja suele salir cada tres o cuatro meses. Algunas travesías se extendieron durante siete u ocho meses, después de los cuales regresan a su casa para revisar el vehículo, reorganizar el equipo y planificar la siguiente etapa

Una casa rodante adaptada con cada recorrido

Reina y Paco se movilizan en una Peugeot Boxer 2.2 diésel modelo 2021, que ya había sido acondicionada como motorhome cuando la compraron. El primer viaje, entre Ushuaia y La Quiaca, les permitió detectar qué cambios necesitaban para vivir con mayor comodidad

Desde entonces, cada modificación respondió a una necesidad concreta. La vida en pocos metros requiere distribuir las tareas, controlar el consumo de agua y energía y ajustar los planes frente al clima o las reparaciones

La travesía más extensa

El recorrido más largo fue una vuelta por América del Sur de 25.000 kilómetros. El itinerario avanzó por la costa del Pacífico hasta el Caribe y luego regresó hacia la Argentina por la región amazónica

Una parte del trayecto incluyó cinco días de navegación para llegar al Atlántico. La pareja alterna largos desplazamientos con pausas y regresos, una dinámica que explica por qué se consideran viajeros ocasionales pese a la distancia acumulada

Una red de ayuda en el camino

Para ellos, el valor del viaje no está solamente en los paisajes. En la ruta construyeron vínculos con otros usuarios de motorhomes, con quienes intercambian información sobre caminos, lugares para detenerse, talleres y pasos fronterizos

La experiencia también incluyó momentos difíciles, como la pérdida de su perra en Ecuador y un robo en Perú. Aun así, destacan la ayuda recibida y las amistades que surgieron durante el recorrido

Después de 83.000 kilómetros, el proyecto sigue abierto. No tiene una meta final definida: consiste en elegir el próximo destino, adaptar el vehículo cuando sea necesario y volver a salir cuando las condiciones lo permitan